miércoles, 13 de julio de 2016

jornadas nacionales de homenaje a rodolfo walsh

Jornadas Nacionales “Homenaje a Rodolfo Walsh”
A 40º Aniversario de su detención-desaparición (1977-2017)

Mar del Plata, 23, 24 y 25 de marzo de 2017

PRIMERA CIRCULAR

En el marco del 40º aniversario del asesinato y desaparición del escritor Rodolfo Walsh, proponemos este homenaje para mantener viva su memoria, pero también como una instancia de reflexión y pensamiento en torno a su figura y su obra. El objetivo de las jornadas es reunir a investigadores y especialistas de distintas disciplinas, artistas, docentes, estudiantes y a la comunidad en general, y pensar en conjunto, a través de ponencias, conferencias, mesas de debate, proyecciones fílmicas y actividades culturales, los múltiples ejes que nos propone la obra de Rodolfo Walsh; entendiendo por obra no sólo aquella que comprende sus textos escritos sino todas las acciones -políticas, sociales, culturales y otras- que desarrolló a lo largo de su vida.

Organiza: Grupo de investigación “Literatura, política y cambio” del área de Literatura y Cultura Argentinas, Universidad Nacional de Mar del Plata.
Comité académico y organizador: Mg. Edgardo H. Berg, Dra. Nancy Fernández, Prof. Joaquín Correa, Fernanda Mugica y María Agustina Catalano.


Áreas de trabajo
-Walsh: entre la literatura y la acción
-Walsh y el periodismo
-Walsh y la política
-Walsh y la escuela
-Los herederos imposibles de Walsh: su futuro en el presente

Plazo para envío de resúmenes: 17 de octubre
Plazo para envío de trabajos completos: 9 de diciembre
Se comunicará la aceptación del resumen por correo electrónico.
También se aceptarán propuestas de paneles y mesas especiales.

Características del resumen:
- Tendrá un máximo 200 palabras.
- Deberá indicar nombre y apellido del/los autor/es, pertenencia institucional, dirección de correo electrónico.
- Formato: Word; tamaño de página A 4; márgenes 2,5 cm.; interlineado 1,5; fuente Times New Roman; cuerpo 12.
- Nombre del archivo: número de área-apellido-resumen. Ejemplo: 1-González-resumen.

Correo de contacto: jornadaswalsh2017@gmail.com

Las jornadas son de carácter gratuito y abiertas al público. Se entregarán certificados.

domingo, 24 de abril de 2016




....últimamente no escribo porque estoy muy enamorada....
a mi no me funciona eso de escribir sin dolor.


disculpe las molestias..........

miércoles, 17 de febrero de 2016

El despido

Hace varios meses que estamos esperando el telegrama de despido o el fin de nuestros contratos de trabajo. Con los días fuimos perdiendo las esperanzas (si es que son esperanzas) de seguir trabajando. En este tiempo, escuché de todo. Algunos me dijeron que estaba bien limpiar la basura del estado y otros que para mí, que soy "trabajadora e inteligente" "se cerraba una puerta pero se abrían mil ventanas". Palabras textuales. Bueno, en fin, no saber qué hacer con la vida de uno es una porquería. Cuando pienso en buscar otro trabajo, pienso que no voy a perder el actual y por el momento me conviene más que muchos otros. Y a la vez no tengo ganas de cambiar. Por fiaca, por negación, ignorancia o estupidez; por lo que sea. Pero claro, por qué hay que hacer algo con la vida? Siempre quise ser arrastrada, arrojada a los lugares y no tener que tomar decisiones imposibles como dejar un trabajo para tener otro. Escribo pero no puedo vivir de la escritura. ¿Alguien sabe por qué no podemos vivir de las cosas que no gustan? No, nadie lo sabe. Es probable que invierta toda mi vida tratando de responder esa pregunta. Escribo guiones pero no puedo dedicarme a eso y encima hacer dinero. Hoy me quedé dormida una hora en la cama y soñé que era cantante. No canto tan mal, podría ser mejor. Sin embargo, nada de lo que hago fuera de mi trabajo me da dinero. Soy de una generación a la que le dijeron que tenía que hacer lo que quería y le generara placer. Pero no sé porqué estoy siempre con tantas contradicciones.
Bueno, la situación es que en mi oficina están por reemplazar un jefe de otro planeta, por una mina de este planeta, donde los jefes son fachos y están obsesionados con el horario de llegada y de salida. Y acá estamos, mis compañeros y yo, llorando las migajas, peleando por un trabajo de cuarta. Es de cuarta porque vamos a ejecutar resoluciones de un gobierno al que no apoyamos, con el que no estamos de acuerdo. Es de cuarta porque con el paso de los años lo que se comprueba es que todos se burocratizan como máquinas. Podría seguir agregando pero dejo los demás detalles para la imaginación de quien lea.
Ahora pienso que ojalá haya ganado la beca de la universidad, ojalá los problemas se me resuelvan por magia y no tenga que poner nada de mí. Otras veces pido que no me echen y me den un tiempo más para ver qué hago. Siempre pido recibirme rápido y no puedo estudiar porque no tengo concentración...con tantas noticias y alertas. El grupo de whatsapp del trabajo se prende fuego a cada rato y aunque no quiera termino leyendo todo lo que escribieron.
Odio esperar y voy a tener que esperar. Estas cosas deberían estar prohibidas para la gente que padece ansiedad, digo, los contratos con fecha de vencimiento, estar esperando que renueven o que manden el despido.

domingo, 7 de febrero de 2016

Breve manifiesto contra los guardianes del saber


Escribí una reseña sobre el libro de Gabo Ferro: Barbarie y civilización (Marea Editorial) pero la revista para la que me pidieron que la escriba me mando correcciones del tipo: "Aclarar en qué sentido los invierte en el título: se trata de una inversión del binomio sarmiento civilización o barbarie tal como lo formuló en el título de su texto Facundo, que luego cristalizó en el sintagma en el cual civilización está siempre en primer lugar o, al menos, esa es la opción no marcada en términos lingüísticos". ¡Ostia! No entendí nada, me quedé en la parte de "aclarar", lo demás creo que está en otro idioma.Con algunos de mis amigos de la carrera siempre tenemos esa idea de que escribir para la academia no tiene porqué ser aburrido. Ojalá pudiera leer mi mamá o mis hermanas algunas de las cosas que publico. Ojalá nuestras reseñas sirvieran para que alguien más que no somos nosotros (estudiantes o graduados de Letras) compráramos un libro como el de Gabo. Bueno, otra cosa que ofendió bastante de mi reseña (por la cantidad de veces que está corregido el mismo "error") es que repito mucho el nombre del autor, Gabo. Está mal, todo está mal: acercarse, opinar, repetir, oraciones sin verbo, oraciones cortas, no usar conectores, no explicitar todo. A algunas correcciones no voy a atender porque se supone que uno no revela todo en una reseña. Se intenta provocar que los demás lean (ya ni siquiera que vayan a comprar el libro). Además no quiero estar pensando en las comas cuando escribo. Arlt decía que había que escribir sobre un pedazo de cartón, sobre cualquier superficie, apurado, con furia. No entendieron nada, loco. Qué están haciendo con la literatura. Nos vamos a convertir en los personajes idiotas de esas novelas de Arlt y de Boedo: los cagatintas, los obreros botones, los mediocres. 
Bueno, voy a hacer una lista de las cosas que detesto de la escritura académica a pesar de que las use:
-Las oraciones impersonales: "Se lee en el siguiente párrafo", "Se trata de", "Se podría pensar". Quién lee, quién trata, quién puede pensar. 
-Los conectores complejos como "Resulta necesario", "A priori", "En otro orden de cosas".
-Palabras que no usamos de ninguna manera en el discurso oral: "ACASO", "RESULTA".
-El uso indiscriminado de la palabra "texto".texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto 
texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto 
(El word debería censurarnos, debería existir un contador y un límite para el uso de esta palabra). 
-Los malos lectores de Barthes, es decir, buenos lectores académicamente hablando, malos barthesianos. Ganan becas, escriben libros, artículos, ponencias, dictan cursos, seminarios, conferencias. Pero son sólo estudiosos de Barthes. Deberían leerlo menos e imitarlo más. Barthes estaría conmigo ahora, en este "texto". En primer lugar, me daría la razón porque soy estudiante. Barthes era amante de la juventud y nunca desdeño (por el contrario, ponderó muchísimo) el lugar del estudiante. Creo que cuando nos dicen "ahí iría mejor un guión y no una coma", "reformulá esta oración" o "revisar la estructura de la oración", nos están negando un estilo. Que nos juzguen los lectores. Los lectores van al corazón de lo que se escribe, no a los conectores, los verbos, las oraciones unimembres, los planos semánticos. No digo que eso no sea necesario, pero es bastante más prescindible que no tener corazón. Yo creo que lo tengo. Me encantó el libro de Gabo, sí, Gabo, porque él mismo hace que nos podamos sentir cerca mientras leemos y no lejos, con el historiador allá arriba en su torre de marfil. Lo que los correctores interpretan como errores no son más que efectos de lectura. Las reseñas deberían ser opiniones de lectores, no artículos de divulgación científica. Menos si se trata de un libro de Gabo Ferro.Lo ameno no quita lo erudito. 

Dos recuerdos:


*No voy a olvidar que en primer año de la carrera escribí un trabajo sobre Umberto Eco, El nombre de la rosa. Para decir la verdad el libro no me había gustado. Lo abominaba. Me parecía aburrido, soberbio y ni siquiera creía entenderlo del todo. Estaba escrito en códice. Nunca más volví a leerlo. No dejé la carrera pero estuve enojada con la literatura por un tiempo. Yo amaba a Walsh, a sus policiales de tahúres, malandrines y borrachos. Lo había leído a los catorce años y había quedado fascinada. Claro, Eco hacía con el policial todo lo que Walsh no hacía. Ni Poe. Ni Conan Doyle. Para mi, leer libros en donde había asesinatos era como consumir una droga: un efecto fuerte en poco tiempo. Eco aburría, me dormía, aletargando todo lo que podía pasar con sus supersaberes de la cultura  clásica, religiosa, medieval. Pero escribí el trabajo. Hablé de los espejos. Sí, hablé de Borges y puse todas las cosas obvias y mediocres que ponemos en los trabajos. Me había gustado ese tema, algo me había atrapado. En ese momento escuchaba a Dolina a la noche porque allá en el campo donde vivía la televisión no tenía decodificador para ver todos cosas diferentes. Se miraba en todos los teles la misma cosa: la que mi padrastro eligiera. Entonces con mi hermana escuchábamos la radio. Un día, en plena escritura de mi trabajo, Dolina habló de los espejos. Con mi compañera con la que compartíamos el hacer de ese trabajo, pusimos una frase (algo que había dicho oralmente) de Alejandro Dolina como epígrafe. La frase era hermosa pero la olvidé. Era perfecta. Cuadraba, cerraba, generaba misterio. La olvidé porque creo que prioricé el recuerdo de la anotación que la profesora puso al lado: "La próxima vez usar autores académicos". El trabajo lo aprobamos pero yo estaba desilusionada. En un año de carrera me había animado tímidamente a desafiar las normas (que todavía no conocía) de la escritura académica. Y había sido retada como en la escuela. La profesora no nos dijo nada, sólo se escondió atrás de esas letras en verde con una flechita que marcaban la condena del pobre Dolina. No dejé de escucharlo y de pensar que esa frase era buenísima. Empecé el triste pero alentador camino de cuestionar las correcciones de los profesores. Al poco tiempo, otra profesora me puso un nueve en un parcial escrito pero al final en las observaciones decía que no estaba muy bien escrito y que citaba mucho a Marx. Esa profesora me enseñó una de las cosas más importantes de la carrera (como es algo bueno lo que me dejó voy a decir que era Ana Porrúa): el valor de las lecturas. Leer es un poquito más importante que escribir. Es decir, para escribir hay que leer. Mi texto no estaba bien escrito, era cierto; era muy prematuro, muy inocente y demasiado pretencioso. Apenas sabía como citar y abusaba del recurso. Pero seguramente algo de todo ese quilombo había atrapado a la profesora. Entendí que eso era mi lectura de "El corazón de las tinieblas".


**Uno de los requisitos de la carrera es cursar un nivel de idioma. Como desde chica estudié inglés y además hice la secundaria en un colegio bilingue, lo elegí para cursarlo, pensando que sacaría la mejor nota. Hice varias tramollas y conseguí no cursarlo a costa de rendir dos exámenes y un trabajo práctico. El segundo examen consistía en traducir al castellano un artículo sobre la Nueva Crítica en E.E.U.U. Como justo estaba estudiando eso para otra materia me explayé en exceso, también haciendo uso de mis conocimientos de inglés. La profesora no dudó en ponerme una mala nota (aunque la traducción estaba bien hecha) y una observación en letra roja, gigante: "EXCESO DE OPINIÓN". Quisiera tener una foto de esa prueba para subir porque muchas personas no me creyeron la anécdota por lo inverosímil, lo fantástico. Fue cierto, aprobé raspando la única materia que pensé que iba a hacer casi con los ojos cerrados. Pero aprendí que una de las lógicas de estudiar en la universidad no es saber ni conocer sino saber y conocer a la medida de que los profesores quieren que sepas y conozcas. Nos amoldamos a ellos; pocos nos dejan solos y nos escuchan. 


Ya corregí la reseña y no estoy tan enojada. A veces pienso que no todos perseguimos la misma idea de academia o de universidad. Siempre recuerdo a profesores que decían que Felipe Pigna no hacía historia o a filósofos que decían que Feinmann era 'malísimo haciendo filosofía'. Casi siempre es la misma operación: decir que eso NO es filosofía o NO es historia, como si no pudieran haber muchas filosofíaS y muchas historiaS. En general, a mis compañeros no les gustan Pigna ni Feinmann (menos si son peronistas o no tienen lecturas negativas del fenómeno). Les repulsa la idea de que todos puedan saber o conocer lo que para nosotros debe estar en un cofre cerrado porque ahí descansa nuestra especificidad, nuestro saber, en fin, nuestro trabajo. Por eso estudiamos Profesorado y Licenciatura, porque investigar y educar no son lo mismo aunque deberían. Investigando se debería educar y educando, investigar.¿Estoy siendo muy hippie? Tal vez. Pero prefiero ser hippie que policía. Para eso, acá van dos notas mentales para mí: 

1) No mandar más reseñas a revistas que me corrijan hasta los puntos y las comas o me digan cómo tengo que nombrar al autor, cuántas veces puedo repetir la misma palabra, etc. 
2) Tener mucho cuidado si algún día tengo que corregir reseñas para comer. Tratar de respetar mis propias concepciones e ideas.
Dicen que los de humanidades somos aburridos, fuma porro, delirantes, hippies, y los que lo dicen tienen razón. No nos entendemos ni nosotros (como yo que no entiendo las aclaraciones de la revista a mi reseña). No piensen que es una cuestión de ego porque ya corregí la reseña y pronto estará a su disposición. Seguramente suba la versión original para que cotejen. Esa etiqueta nos quita lo valioso (la de hippies o la de raros) porque si estamos drogados quiere decir que lo que decimos es incoherente y si somos raros es que nadie entiende. Y no es así. Estudiamos, leemos, pensamos, cuestionamos y educamos. Muchos nos criamos entre libros y no concebimos otra vida que la de estar rodeados de ellos. No por nerds, no por inteligentes, no por aburridos. Las pasiones no se explican. Rilke decía algo así como que si usted piensa que puede vivir sin escribir, entonces, no debe escribir más. Tenía razón. Y que los mala leche bufen.