miércoles, 18 de marzo de 2015

Mis días son demasiado largos, pasan demasiadas cosas. No tengo mucho tiempo para escribir. Es como un efecto bola de nieve. Yo no sé si yo soy la que quiere hacer de todo o si las obligaciones se van generando solas, por culpa de estar rodeada de gente que me presiona o no sé. El punto es que casi no quiero hacer ninguna de las cosas. Sólo las clases de canto. Es que a veces algunos vacíos que dejan ciertas personas sólo lo llenan las obligaciones u otras personas. No importa quiénes. A veces porque no sabes qué hacer con la libertad, los ratos libres, los espacios entre una obligación y otra. 
Quiero sacar más canciones con la guitarra y cantar más. Hoy canté Ambar Violeta y la profesora me dijo que mi voz era buenísima para acompañar a otra voz,como que era "adaptable" y "armónica". "Nunca protagonista, yo", pensé. Después recordé que mi profesora de canto es también psicóloga. Hablamos un poco del miedo y del no sentirse gustado. Pero me dijo "querela a tu voz, es la única que hay". Me fui cantando por la calle.
Ahora estoy tocando un tema de Elvis Presley. Una amiga me canceló para cenar y por fin dije, aliviada, "¡No soy yo la que cancela!". Fue un gran día. Le propuse que venga mañana. Quiero escribir muchos cuentos y estudiar. Rindo la semana que viene y no estoy repasando mucho pero soy feliz. Eso es lo que importa. Lo importante siempre puede esperar. 
Hoy dos señoras me preguntaron en la calle si "era de acá". ¿De mar del plata o qué? (justo estaba parada en la puerta de un edificio) Sí, dije y sonreí. Creo que por primera vez en la vida no renegué de "ser de acá", de "ser de algún lado". Sí, estoy acá y estoy bien. Las ayudé con una dirección y me sonrieron. Soy de acá, ¿y qué? Está bien sentir que uno por fin tiene lo pies en algún lado, y la cabeza también (!)

sábado, 7 de marzo de 2015

Fragilidad

Hoy todo está más frágil. Tanto calor lo rompe todo. Las cosas, las relaciones, las ganas de algo. Se quebró un vaso, se astilló el vidrio de un auto. Parece que todo va a derrumbarse. Mis ovarios, mis ideas, la imaginación. Qué nos va a quedar. Restos, pedacitos, dolores, golpes. Bueno, si todo se va a romper y vamos a sufrir, mejor vamos a bailar.  Aprendamos a rompernos entre nosotros. Quiero golpearte y romperte antes de que el tiempo lo haga. Antes de que me vaya y no te vea más, y seas nada más que una anécdota que me voy a olvidar de contar. Podes destruirme vos. Quiero que lo intentes, autodestruirme me sale muy bien. O adoptame y cuidame. Y yo no me destruyo más. No me insolo, no me tatúo, no me como las uñas, no me corto más el pelo. Sino voy a quedarme sin nada.
Hoy todo es tan estúpido. El calor, la humedad, nos pone más estúpidos. El calor tilda las computadoras, no me deja usar YouTube. Se rompen los enlaces, los links, las fotos. Nadie me cree. Todo va a romperse. Les juro. Nos vamos a quedar sin nada. Hoy tengo una fiesta y voy a bailar mucho. Hay que tener cuidado con lo que uno dice porque las personas están más sensibles, molestas y ansiosas. Yo entiendo de eso. No me gusta que me lastimen o me hablen mal. Siempre estoy muy fin del mundo, todo a punto de romperse. Yo, sobre todo. En el fondo soy una persona hipersensible. Y vos, si de verdad se rompiera todo, qué romperías primero, qué harías. Quiero saber.

martes, 24 de febrero de 2015

2

noche de truenos y virtudes
puedo estudiar
puedo tener miedo
puede terminar el verano
puedo ser fuerte
voy a ser fuerte
puedo admitir que pierdo el eje
puedo encontrar solución
puedo tener suerte
voy a tener suerte
te dije voy a extrañarte
¿puedo decirlo dos veces?

lunes, 23 de febrero de 2015

1

tres remeras grises
cuatro libros en un bolso
alguien construyó
400 kilómetros de ruta y mi casa
alguien cocinó la comida y la sirvió
otro chocó un auto
entre las siete y las ocho de la mañana
alguien te extraña

sábado, 21 de febrero de 2015

viernes, 20 de febrero de 2015


Sí, siempre es el mismo día, no puedo hacer nada yo tampoco, Bill. ¿Aceptar, resignarse, vivir? Siempre la misma persona al lado mío, te amo, pero sos siempre la misma persona. La misma cama, la misma pared sucia pintada de azul. La misma cocina, el mismo mate. La misma avenida que todavía están señalizando, camino al mismo trabajo, en la misma calle. Los mismos compañeros, las mismas conversaciones, siempre de lunes a viernes. Los fines de semana siempre iguales: las mismas amigas, los mismos planes. Cambian las materias para estudiar, los exámenes para rendir: siempre es la misma costumbre. La misma ducha tibia, llena de hormigas, de humedad. La misma mascota, siempre igual de molesta y ansiosa. Yo, siempre la misma quejosa. ¿Es mi culpa? ¿Yo tengo que cambiar todo? No sé si quiero. Hay días que no cambio por nada lo que tengo. Digo, por favor, quedensé ahí hormigas, humedad, mate. No se muevan. Vos, te amo, no te vayas. Por favor. Otros días pienso en lo lejos que me gustaría estar, viviendo de vender café o ropa. De juntar kiwis como hacen todos en Nueva Zelanda. En México comiendo burritos. Tener un novio irlandés y aprender a tomar bebidas blancas sin quemarme o vomitar. Tener amigas en Ibiza y estar de fiesta todo el día y bailar y bailar y bailar. Busco en internet becas, viajes, trabajos. No termino haciendo nada porque SIEMPRE es 2 de Febrero y no hay NADA que pueda hacer para cambiarlo. NADA.

sábado, 14 de febrero de 2015

A propósito del amor y San Valentín

Siempre me gustó este poema de Ramón Paz, el de los pornosonetos

ahora estamos jugando a no querernos
a mentirnos secretos con amantes
ahora nos jactamos de inconstantes
y queremos rajar de estos infiernos
y a vos te quiero más que a la mañana
más que a todas las turras que me cruzo
mi corazón te busca como un buzo
perdido entre el naufragio y la campana
y vos quizá debajo de las capas
y las capas de bronca todavía
me querés como hacías algún día
cuando todo era nuevo en nuestros mapas
pero hagamos silencio simulemos
quizá en medio del caos nos reencontremos

sábado, 7 de febrero de 2015

Problemas de la vida moderna

Cosas que me hacen mal, necesito decirlo


1. Los taxistas que hablar por teléfono mientras me llevan.
Me pasó dos veces en un mismo día. Uno peleaba con la mujer en una avenida y el otro llevaba el celular atado al espejo retrovisor.
2. Los bares llenos de gente linda y perfumada. ¿Por qué tanta desesperación por gustar, por ser queridos? Deberían prohibir cierta cantidad de perfume sobre las personas.
3. Y la cerveza aguada.
4. Las personas que agregan la ese a todo. Vistes, comistes, salistes. No, nada.
5. El nuevo corte de pelo de mi perra.
6. Vivir al lado de una Iglesia y escuchar la misa.
7. Los recitales de verano. Sí, soy feliz, me gustan las cosas gratis, al aire libre. ¿Por qué tantas personas? ¿A todos les gusta la banda? Vamos, en serio.
8. Novios que hacen dos millones de cosas. Amigas que hacen dos millones de cosas. Y yo, que estoy leyendo "La cautiva" de Echeverría.
9. Las pinturas en vivo mientras toca una banda. Ni hablar del body painting. Ya que lo dije, los tatuajes de henna.
10. Todo lo anterior en Mar del Plata con 30 grados y picaduras de mosquito.
Sí, hay cosas más importantes. personas que se sacan miles de selfies, chicas que se anotan para ser la Reina del Mar, amigas que de la mañana a la noche no te hablan nunca más, libros con olor a humedad, el mueble que encargué hace dos días y van a tardar un mes en hacerlo. Haber cobrado y no tener más plata. Eso es terrible.



martes, 3 de febrero de 2015

Alberdi, Sarmiento y yo

Me voy del trabajo y me siento sola. Como incomprendida porque necesito ayuda y las personas están muy preocupadas con sus vidas adultas y yo me siento una molestia. Me voy. Me voy a mi casa porque tengo clases particulares de la carrera, de temas difíciles que nunca pude aprender. Me pregunto si la culpa fue mía o de los profesores. Como en el trabajo. ¿No aprendemos por falla de los demás? ¿De ambos? ¿Es responsabilidad de otros que nosotros sepamos algo? ¿Por qué nadie quiere enseñar lo que sabe? Creo que todos queremos sentirnos especiales y si todos sabemos lo mismo dejamos de ser imprescindibles. ¿Se aprende más si el camino es más difícil? ¿Nos hacemos mejores si nos frustramos y sentimos solos? ¿Por qué todo funciona con sacrificio? ¿No podemos ayudarnos y que sea más fácil? Es tan extraña la lógica del mundo, de las personas. Yo pienso que quiero ser diferente. Por favor, no ser como fulano, como mengana. Recordatorio, Agustina. No seas así. No te conviertas en eso. ¿Se puede? ¿Se puede estar mil años con la misma persona y seguir sonriendo, no convertirnos en un ogro? ¿Se puede ir al trabajo sin ser la chica estresada de los mil papeles que no tiene un segundo para hacer un chiste? ¿Se puede crecer y tener responsabilidades pero sin dejar de reír? Y eso que para mí la risa es una cosa más, como los besos, las caricias, las cosas lindas que a veces nos dicen. ¿En serio soy especial? ¿En serio no soy así? ¿Soy diferente porque no soy lo que son todos?
Mientras tanto Alberdi y Sarmiento se pelean. Me compre sus cartas y estoy leyendo sobre su polémica. Yo pienso y pienso y ellos se siguen peleando. Se pelean hace siglos. Yo empiezo una pelea con el mundo. No quiero ser lo que no quiero ser. Tiene que haber otra manera. ¿Dónde están las personas que nos demuestran que se puede? No voy a convertirme en algo que no quiero. ¿Es inevitable? ¿Hay cosas inevitables? Creo que no. Hacemos y deshacemos todo como queremos, somos los reyes del mundo. Después la culpa es de otro, del "destino". Alberdi y Sarmiento siguen con su polémica. Yo voy al almacén a comprar chauchas para una ensalada. En el camino pienso en ellos, en mí. Me faltan 500 palabras para cerrar una reseña que entrego estos días para una revista. Hoy fui al banco y las personas estaban enojadas, apuradas. No quiero eso. No quiero que "cansada" y "trabajo" sean mis palabras más nombradas. Basta. Hasta acá. Alberdi, Sarmiento, cualquiera, un ultimátum para mí, una carta de las suyas, dura, impactante, hiriente, que diga, "Agustina, no podés ser una persona enojada y cansada. Esperamos más de vos." Algo así.

domingo, 1 de febrero de 2015

Balance

En el 2014 me tatué, me corté el pelo tres veces y rendí cuatro finales. Pensé que iba a terminar de cursar y no pude. Me di con un caño por eso pero conseguí un trabajo en blanco y estable. Por el momento. Estoy pensando qué voy a hacer el 2015. Por lo pronto nos vamos un mes de viaje con Nicolás, el chico explorador. También quiero escribir más cuentos, estudiar. No son sueños, son proyectos. No me pregunten que quiero porque no lo sé, tampoco qué voy a hacer. Pero me gusta soñar, me gusta planear más que concretar. Por eso la vida tiene sentido. Si no pienso que voy a hacer algo, despertarse mañana lunes a las 8 de la mañana -o antes, debería despertarme antes- sería todavía más difícil. En el 2014 leí poesía en algunos eventos y festivales, gané una beca de investigación, pero también me sentí perdida y sola. Pinté mi casa. Ah, y tenemos una perrita viviendo en casa. Me acuerdo que Joaquín a su vuelta de Europa decía que (esperando cambios y noticias) nadie había hecho demasiado ni transformado nada. Me entristecí demasiado porque yo siempre tengo la ilusión de que hago cosas y cambio pero en el fondo entendía que era cierto. Y vos, qué haces para que todos los días no sean iguales, la misma cosa aburrida y terrible que después nos pega un domingo como hoy, nos hace preguntarnos por todo, dudar hasta de la vida misma. Dale, qué haces. Yo, qué hago. Eso, qué hago.

sábado, 31 de enero de 2015

"Nunca confíes en un conductor de buses desnudo". La vida y todo lo demás. Woody Allen.

viernes, 30 de enero de 2015

Ulrica

Ayer me escribió la mamá de una amiga diciendo que había mirado un video en la televisión, en una sala de espera, y la nena protagonista del video era igualíta a mí. Sigo pensando que hay demasiadas personas en el mundo que se parecen a mí y en lo poco original y auténtico que eso es. Pero me acuerdo de mí hace varios años, no fue hace tanto, con todos los cortes de pelo que tuve, mis papás separados, la prótesis dental, los premios, las cosas que hice. Era una nena linda, buena. A veces bastante extrema, pasaba del bien al mal en un minuto. Eso sí: nunca dejaba de contar historias o de opinar sobre cualquier cosa. Acá un homenaje a mi niñez. No me importa que pueda ser aburrido o sean de esas cosas que sólo a uno le gustan. Me pregunto si habrá sido el mejor momento de toda mi vida y ya pasó. Podía estar horas jugando, imaginando cosas, hablando sola. "Yo querría que este momento durara para siempre", le dice el protagonista a Ulrica, una joven extraña, de la que no sabemos mucho, sólo que la creó Borges. Ella le contesta, descreída pero contundente que "Siempre" es una palabra que no está permitida a los hombres. A los hombres de verdad, supongo. A las personas fuertes. Siempre es mejor pensar que lo bueno todavía no llegó, que la felicidad está después, porque sino lo que resta es una vida miserable o nostálgica.

jueves, 29 de enero de 2015

El bien

A despecho de las dificultades de mi historia, a pesar de las desazones, de las dudas, de las desesperaciones, a pesar de las ganas de salir de ella, no ceso de afirmar en mí mismo el amor como un valor. Todos los argumentos que los sistemas más diversos emplean para desmitificar, limitar, desdibujar, en suma despreciar el amor, yo los escucho, pero me obstino: “Lo sé perfectamente, pero a pesar de todo…”. Remito las devaluaciones del amor a una suerte de moral oscurantista, a un realismo-farsa, contra los cuales levanto lo real del valor: opongo a todo “lo que no va” en el amor, la afirmación de lo que en él vale. Esta testarudez es la protesta de amor: bajo el coro de las “buenas razones” para amar de otro modo, para amar mejor, para amar sin estar enamorado, etc., se hace oír una voz terca que dura un poco más de tiempo: la voz de lo intratable amoroso. El mundo somete toda empresa a una alternativa: la del éxito o el fracaso, la de la victoria o la derrota. Protesto desde otra lógica: soy a la vez y contradictoriamente feliz e infeliz: “triunfar” o “fracasar” no tienen para mí más que sentidos contingentes, pasajeros (lo que no impide que mis penas y mis deseos sean violentos); lo que me anima, sorda y obstinadamente, no es táctico: acepto y afirmo, desde fuera de lo verdadero y de lo falso, desde fuera de lo exitoso y de lo fracasado; estoy exento de toda finalidad, vivo de acuerdo con el azar (lo prueba que las figuras de mi discurso me vienen como golpes de dados). 
Enfrentado a la aventura (lo que me ocurre), no salgo de ella ni vencedor ni vacilo: soy trágico. (Se me dice: ese tipo de amor no es viable.  Pero ¿cómo evaluar la viabilidad? ¿Por qué lo que es viable es un Bien? ¿Por qué durar es mejor que arder?)


Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes.

lunes, 26 de enero de 2015

The groundhog day

(En el Ministerio de Trabajo, sin trabajar)


Mi vida entera es una gran ironía. Sí. En el Ministerio de Trabajo pero sin trabajar. Así como es. Y no es por mala voluntad, porque no haya cosas para hacer. Es por la demora de una información, una presentación, un correo electrónico. En el fondo, no se sabe. Nunca se va a saber porqué demoran las cosas. Es un día así como nada, con poco para recordar, para hacer, para sentir. No tiene nada de malo que así sea. A mi me gustan los días medio nada, yo soy medio nada, la nada no tiene nada de malo. ¿O no? ¿Por qué hay que ser productivo? ¿Por qué hay que vivir los días como si siempre fuese el último? ¿Quién dijo eso? No entiendo para qué vivir al máximo. Ni el mundo ni yo merecemos tanto. Pero por otro lado, ¡ay!, la vida que no vivo, los viajes que no hago, los affaires que no tengo, el talento inexplorado, ahí, aguardando salir. Estoy acá, en una oficina, frente a una máquina, leyendo un libro sobre la generación del 37. Una generación con proyectos, con ideas, con espíritu de cambio. Yo acá, tan nada y tan feliz. Pero qué linda vida que no estoy viviendo, llena de voluntad. Una amiga me dice que tiene necesidades, ganas de hacer cosas pero no puede porque antes prefiere estudiar y recibirse pero, a la noche, cuando hace calor y todos salen a bailar sin culpa, ahhhhh, qué tristeza ser nosotras. Por qué estudiar. Por qué. Por qué no me tomé un año sabático cuando todavía no era absurdo hacerlo. Y yo tan yo, acá, averiguando para retomar francés, yendo a canto a las cuatro de la tarde cuando se prende fuego la ciudad en la que todo el país quiere estar para ir a la playa, al mar, yo canto, mas o menos, mas o menos mal, con corazón, a veces sin ganas. No me voy porque no vuelvo. No dejo la carrera que empecé a estudiar hace casi seis años porque sé que apenas conozca otra vida un poco diferente no volvería nunca más a vivir ésta. ¿En verdad es la literatura lo que amo? ¿Cuántas personas en el mundo se están haciendo esta pregunta? ¿Cuántas personas escriben sobre sí mismas?
Sigo esperando que me presenten en mi nuevas funciones en el trabajo para poder organizar mi cabeza que está como en un limbo, yendo de un lugar a otro, inventando cosas para hacer por culpa de estar sin hacer nada, cosa que -parece- puedo hacer sin que nadie se moleste. No quiero ser independiente, no quiero trabajar por mi cuenta ni organizar mis propias tareas. Quiero que me manden y ordenen otros. Así es mejor el mundo. Al menos el mío. Si fuera por mí me iría a caminar, seguiría leyendo sobre Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez. Una generación con ideales, pasiones, aptitudes. Los que forjaron el destino nacional. Ellos hicieron lo que somos. ¿Por qué no puedo yo ser así? Crear una identidad nacional, un canon, una cátedra de literatura como Rojas o suicidarme como Lugones. Todos tan importantes y yo sin trabajar. Vamos. Yo puedo. Vamos. Voy a hacer algo, aunque sea lo último que haga, Voy a imaginarme otra vida, una vida que yo quiera. Vamos. Voy a seguir esperándola, agregándole cosas en mi mente para que cada vez sea mejor, ahorrando para ella, sacrificándome, y que cuando llegue yo no tenga que estudiar ni quejarme.