miércoles, 1 de abril de 2015

Dormir sola

Dormir sola no es en sí mismo algo malo pero es muy distinto si es por elección, por accidente o por castigo. Anoche dormí sola por accidente; mi novio fue a lo de su hermana a comer y se quedó ahí porque nadie le iba a bajar a abrir (viven en un piso trece, creo). Lo extrañaba. Dormir sola era diferente, como anormal. No era mi rutina. Lo extrañé. Tenía más frío, porque es cierto que hace más frío si uno duerme solo.  Sus movimientos, su alergía a mitad de la noche, que se despierte antes que yo y se vaya a trabajar. Hace tres años que dormimos juntos casi todas las noches. Me torno nostálgica si no está, no me duermo, doy vueltas y vueltas y vueltas. Los ruidos me dan miedo, empiezo a pensar cosas feas y finalmente, lo admito, necesito al hombre al lado para sentirme protegida. Cualquiera, pienso al ratito. Soy una boluda. Cómo voy a decir eso. Entonces me acuerdo de cuando vivía sola, los primeros meses en mi antiguo departamento, un colchón en el piso. No tenía computadora ni televisión. Llamaba a cualquiera para que me hiciera compañía y cuando todas las respuestas eran "no puedo", desesperaba.Y lloraba. Pero no estaba nada mal, era mi normalidad. Pensaba mucho, tenía ideas que ya no tengo, escuchaba las conversaciones de las personas que caminan a la noche o las bocinas de los autos. Escuchaba música y me dormía. O lo que era mejor: leía. Ya no leo, no escucho música ni llamo a mis amigos para que vengan a dormir a mi casa. Un abrazo de mi novio -ni siquiera-, su presencia al momento de dormir, es la tranquilidad para alcanzar el sueño más profundo.
Dormir sola por elección o por accidente no está mal. Tenes el lugar de la cama que querés, sabés que al otro día él vuelve y todo está como antes. Ahora, dormir sola porque nadie quiere dormir con vos, eso es terrible. Mi mamá recién separada deambulaba por toda la casa hasta la madrugada comiendose todo lo que quedaba en la heladera. Fumaba un atado de cigarrillos en apenas un rato. Para no dormir sola, claro. La cama, el lugar más hermoso de la casa, era su peor enemiga. Le recordaba que estaba divorciada, otra vez, y sus hijas ya eran grandes para meterlas en la cama y abrazarlas como bebés. Y sí, ya éramos lo suficientemente adultas para darnos cuenta que su miedo era de estar sola. Lo que no consigo distinguir es si una tiene miedo de quedarse sola o de quedarse sin un hombre. Yo no tengo problema en admitir que los hombres me dan seguridad. Cuando tocan el timbre a las cuatro de la mañana porque le quisieron robar el auto a tu vecino, él se levanta, prende las luces, atiende, dice "yo voy" y va a la puerta. Pero, ¿es más cómodo dormir con alguien o dormir solo?
Cuando mi novio viaja a La Plata uso toda la cama para mí, miro televisión hasta cualquier hora, hablo por teléfono, me siento más libre. La cama es más cómoda. ¿Por qué si es tan lindo dormir abrazado con alguien al otro día nos levantamos acalambrados y doloridos? Sacame el brazo, me aplastas el pelo, me pinchaste, correte, dame sábana. ¿Por qué tantas aclaraciones para poder dormir? Cada uno necesita encontrar un lugar en la cama, como si fuera un rompecabezas y las piezas tienen que encastrar perfecto. Eso pasa, a veces. Pero no es casualidad que cuando más cómodo se vuelve dormir con alguien más ganas tenemos de dormir con otras personas. En mi caso tengo más ganas de dormir sola. Me asusta la dependencia que tengo con los hombres. La inseguridad y el miedo que tengo cuando es de noche y estoy sola. A veces veo figuras en las cosas o en las sombras de las cosas. Pienso por dónde podría entrar alguien y por dónde escapar yo si eso pasa. Me acostumbré a que somos dos y eso nos hace más fuertes a cada uno. No sé si es verdad o no, acostumbrarse nunca está bien. Olvidamos cómo era dormir solos, dormir con desconocidos, dormir en otras camas. Después estar solo cuesta más y hay que aprender todo de nuevo, como le pasó a mi mamá. Somos como paralíticos del amor. Sin piernas ni nadie que nos lleve. Pero es seguir o morir en el intento. Mi suegra hace casi cuarenta años que está casada. Nunca los vi darse un beso ni un gesto de amor y no exagero. Mi novio me dice que él tampoco y comprueba mi teoría: acostumbrarse es malo. Se mudaron nada más que dos veces de casa. Varias veces dijeron que se divorciaban y a la semana volvían. Mi otra teoría es que nunca van a separarse. No le digo esto a mi novio pero descreo en algún punto de que después de tantos años, cada uno pueda estar, dormir, solo. Dormir es importante. Dormir bien, digo. Sino no servimos. Trabajamos mal, queremos mal, estamos de mal humor, damos lástima. Mis suegros parece que lo único que hacen es dormir bien juntos. No sé si se quieren, si lo hacen, lo hacen en un modo extrañísimo, pero por alguna razón siguen juntos. Sus hijos se fueron casi todos de la casa, problemas económicos, no tienen. Yo pienso que duermen bien juntos. Además aparece el problema de quién se lleva la cama. ¿De quién es la cama? Las camas son de los que duermen ahí. Hay que venderla y vender el problema a otra pareja. Empezar de nuevo. Comprar otra cama. Pensar bien con quién vamos a compartirla o si esta vez no es mejor aprender a dormir solo, hacernos adultos, de una vez y para siempre.

viernes, 27 de marzo de 2015

Queréme

Últimamente estoy escuchando mucho una canción vieja, un "hit" de los Cardigans. La canto y la toco en la guitarra. Se me ocurrió hacer una traducción y cantarla en español. Como soy demasiado vergonzosa sólo voy a copiar la traducción y no un video donde salgo horrible y canto mal. La traducción es pava, la canción no es muy difícil pero la hice sin mirar Google, ni nada. Se llama "Lovefool" y habla de un amor histérico, de alguien que quiere que la quieran pero casi rozando la entrega absoluta mezclada con sometimiento. No sé porqué me gusta o la escucho. Creo que una parte de mi quiere sentir lo que la canción dice. No es que no esté enamorada, tengo un novio muy lindo, inteligente y bueno. Todo lo que siempre quise. Todo lo que la mayoría quiere. Pero el no ser correspondido, la histeria. La histeria, eso. Quisiera volver a enamorarme, sólo para vivir ese primer momento de incertidumbre y misterio. Sentirse solo y desesperado es más emocionante que tener al hombre de tus sueños viviendo en tu casa, todo para vos. Una parte de mi quiere sufrir, quiere que le rompan el corazón y no contesten los mensajes. Pero eso no pasa y cuando pasa deseo lo contrario. Al fin, la histeria es constante. El sufrimiento está desvalorizado, todos estamos escapando de él todo el tiempo. Y qué poco sabemos, los que alguna vez pedimos al amor de nuestras vidas y el final feliz. No entendemos nada. Los finales no existen y la felicidad, todo, es aburrido. Estoy en contra, estos días. Triste. Triste y algo decepcionada. Por eso me encantaría enamorarme, que me mientan un poco, me dejen sola y después quejarme. Los sentimientos son más puros, más verdaderos. Hay menos vicios. Nada de esto es en contra de mi novio. Al contrario, estoy muy contenta con él y tampoco podría dejarlo. En un rato seguramente llegue, se bañe, cocine la comida y vayamos a dormir.
A veces veo parejas que se están besando en la plaza y hace frío y pienso que ni loca estaría haciendo lo mismo, abajo de la lluvia, el viento, sin abrigo. Pero es porque no necesito hacerlo. O cambiarme quince veces antes de salir con alguien y sentirme fea y al mismo tiempo hermosa. Caminar para llegar al encuentro, muriendo de nervios y de ansiedad. Por dentro, en verdad, me muero de ganas de tener frío, de no tener paraguas ni abrigo, de que me besen en una plaza y nos vean todos. Después volver a mi casa, extrañar a un hombre que aunque yo no lo sepa va a hacerme sufrir mucho.

Creo que tenemos un problemita.
No me amás y no hay nada
que pueda hacer para conseguir que me ames
Mamá dice: ni te molestes
gustá de otro, otro que te merezca.
Pero yo creo que ese sos vos.
Por eso lloro y me quejo y pido
Dale, quereme
Decí que me querés
Boludeáme, boludeáme,
Dale, boludeáme
Fingí que me querés
O no, mejor dejame
y decime te necesito.
Entonces lloro y te pido
Dale, queréme, decímelo
Dejáme y decime que me necesitas.
No me importa otra cosa que no seas vos.
Me pongo depre y pensativa
Paso las noches insomne
preguntándome qué pude o no
haber hecho para que te quedaras conmigo.
La razón no va a darme soluciones,
sólo me va a dejar confundida.
No me importa que no te importe,
mientras no te vayas más.
Y pido y ruego y lloro:
queréme, dale.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Tengo muchas ganas de tener dieciocho años o menos y volver a vivir con mi mamá y mis hermanas. No puedo creer cuánto me quejaba en ese momento de vivir con ellas, respetar las poquísimas reglas que me ponía: avisarle lo que hacía, tener ordenado el cuarto, estudiar. Cuánto deseaba cumplir dieciocho. Mis amigas y yo, tantas noches diciendo "cuando tengamos dieciocho". Todos los boliches y bares a los que quería entrar y no podía y ahora que puedo no voy. Me acuerdo de adulterar los documentos, hacernos pasar por más grandes. Ahora que lo somos ya ni nos juntamos a salir. Y qué ganas de no trabajar, no tener obligaciones, no ir mañana a la facultad. Por qué no sabía en ese momento que ser adulta era una mentira. Si alguien me lo hubiera dicho seguro hubiese disfrutado más y pensado menos en el futuro.
¡Cuando viva sola! ¡Cuántos hombres voy a poder llevar sin pedirle permiso a mi mamá! ¡Cuántas fiestas sin padres, descontrol y dormirse a cualquiera hora! Con suerte a las once engancho alguna película en tv que me guste y me quedo despierta. Y ahora, tantas ganas de adulterar algo, mentir, esconder las notas del cuaderno de comunicaciones. Ese gustito de estar ilegal en algún lado o tener que disfrutar hasta determinada hora. Ser adulto es tan pero tan aburrido. Sin un mango, caminando cuarenta, cincuenta cuadras para volver a casa con miedo, acompañada por algún desconocido quizás, alguna amiga. Y ahora tanto taxi, tantas pocas ganas de salir a ningún lado. Tanta comodidad. Mis billetes se aburren en la cuenta bancaria. A veces me hablan, me dicen, gastános, salí, emborráchate. Y eso pasa, a veces, pero es tan aburrido. Nunca más va a volver a ser lo mismo. Mamá no va a decirme "tenés olor a cigarrillo", "el cigarrillo es malo". Ahora fumamos juntas. Si se pudiera volver el tiempo atrás volvería a los diecisiete, a la escuela, sí, que tan poco me costaba. Hoy en la oficina estaban todos locos porque se vienen los concursos para planta permanente. Tanto cansancio, tanta adultez y responsabilidad junta. Mis compañeros hablan de sus hijos, se pelean con sus mujeres y maridos por teléfono. Todavía me falta para eso, pero por momentos pienso que de ninguna manera quiero estar ahí. O no sé, una amiga dice que cuando tenga hijos ya no va a estar más deprimida porque va a tener algo importante en qué pensar. Lo demás dice que no le va a importar. ¿Tendra razón? Prefiero no arriesgar. Voy a intentar volver a los dieciocho como pueda, disimulando, para no parecer una boluda que no acepta su edad y funciona a contra reloj.

sábado, 21 de marzo de 2015

San Agustín

Ayer le dije a madre si podía ir a cenar a la casa y me contestó que tenía el cumpleaños de una amiga suya, Viviana. Recordé que hace muchos años ella, su marido y sus hijas se habían ido a vivir a un pueblo de menos de trescientos habitantes de la provincia de Buenos Aires. Su marido es médico y en ese momento había conseguido trabajo en una salita médica en la que se atendían personas de varios pueblos cercanos. No sé porqué me acordé de eso pero me pregunté por ella, qué corno habrá hecho mientras su marido trabaja y sus hijas iban a la escuela en ese pueblo solitario. Pensé en cuánto me gustaría escribir sobre esos días de esa señora, allá en San Agustín. No porque fuesen interesantes o significaran algo para mí sino porque sentía intriga. Y al mismo tiempo no tenía una respuesta. En serio, qué había hecho con tanto vacío, con tanto tiempo. A mi me falta tiempo. No tengo tiempo para estudiar, para cantar, para estudiar idioma, ni siquiera para hacer las cosas pendientes del trabajo. Todo mi día está ocupado: trabajo, facultad, música, novio, amistades, descanso, familia. Ahora mismo mientras escribo esto tengo la ventana del aula virtual de didáctica específica abierta, porque tengo que leer un artículo. Y esa mujer, ¿se habrá sentido aburrida? ¿habrá pensado mucho mientras vivió en San Agustín?, ¿Por qué habrá elegido irse con ese hombre ahí? ¿Habrá sentido que era su lugar en el mundo?
Yo creo que no tengo lugar en el mundo. Me gustan esos mundos posibles donde me puedo imaginar lo que las personas hicieron o hacen. Me la imagino en una ventana mirando los pastizales. Me acuerdo que tenían una sola radio porque la antena no podía captar otras. Y me identifico con ella y no, al mismo tiempo. Pero cuáles habrán sido sus días, sus pensamientos, me intrigan, me gustaría saberlo. No sé si voy a terminar como ella, siguiendo a mi novio médico por la provincia de Buenos Aires, cambiando a mis hijos de colegio varias veces, o si voy a estar separada, sola. Dónde voy a vivir.
Madre está un poco triste porque nos fuimos las cuatro de casa. Me dijo que no encontraba mucho sentido a la vida. Pero no en sentido suicida o depresivo sino de manera sincera, le faltaba algo. Tiene novio y un perro. Pero su felicidad era llevarnos al colegio, revisar las tareas, cambiarnos, vivir apurada. La adrenalina. No sé. Ahora está en una meseta, dice. El trabajo es aburrido, la cena. ¿Tendré hijos? ¿Me pasará lo mismo? Ojalá pudiera darle un nieto para que se divierta sin tener que criarlo yo. O volver a ser chica, disminuirme, dejarme querer y atender por ella, para que vuelva a ser feliz. Fuimos a comprar ropa, bombachas y corpiños, me dijo que se sentía mejor. Me da miedo porque la veo envejecer, sé que por dentro siente eso. Y sí, es el curso natural de la vida, nacer, vivir, morir, pero no sé, es triste porque fue hace tan poco que vivíamos juntas y nos divertíamos tanto. A diferencia de mis amigas yo tuve una relación muy buena con ella, era una amiga más pero sin dejar de ser madre. Viviana, ella, son mujeres de otra generación, que nacieron para tener hijos y vivir por ellos. Por ellos se mudaron varias veces, a pueblos de mala muerte, feos, casas más chicas, más grandes, se casaron, se divorciaron. Siempre por lo mejor para ellos, nosotros. Yo creo que soy diferente. Quiero vivir para mí aunque eso suene egoísta. Todos los sueños que tengo sólo me incluyen a mí. Y aunque eso pueda cambiar creo que soy diferente, no sé si es mejor o peor. Pero para mí tampoco tiene mucho sentido la vida, ahora. Y aunque no le dije eso a mi mamá me sentí identificada con lo que decía. En eso nos parecemos. Siempre estamos insatisfechas. Los hombres no nos terminan de convencer y hacernos feliz, las cosas materiales tampoco. Quizás haya que irse a San Agustín a vivir, donde no hay nada para comprar, casi no hay personas, y si no hay eso quizás tampoco haya deseos. Porque nuestro problema es que todo el tiempo estamos soñando algo diferente. Mi mamá queriendo volver al pasado; yo, al futuro. No tiene sentido tampoco. Aunque se cumpla lo que queremos estaríamos en el mismo lugar, diciendo que la vida no tiene sentido, y es que el fondo, acá, en San Agustín, en el futuro, nada tiene mucho sentido.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mis días son demasiado largos, pasan demasiadas cosas. No tengo mucho tiempo para escribir. Es como un efecto bola de nieve. Yo no sé si yo soy la que quiere hacer de todo o si las obligaciones se van generando solas, por culpa de estar rodeada de gente que me presiona o no sé. El punto es que casi no quiero hacer ninguna de las cosas. Sólo las clases de canto. Es que a veces algunos vacíos que dejan ciertas personas sólo lo llenan las obligaciones u otras personas. No importa quiénes. A veces porque no sabes qué hacer con la libertad, los ratos libres, los espacios entre una obligación y otra. 
Quiero sacar más canciones con la guitarra y cantar más. Hoy canté Ambar Violeta y la profesora me dijo que mi voz era buenísima para acompañar a otra voz,como que era "adaptable" y "armónica". "Nunca protagonista, yo", pensé. Después recordé que mi profesora de canto es también psicóloga. Hablamos un poco del miedo y del no sentirse gustado. Pero me dijo "querela a tu voz, es la única que hay". Me fui cantando por la calle.
Ahora estoy tocando un tema de Elvis Presley. Una amiga me canceló para cenar y por fin dije, aliviada, "¡No soy yo la que cancela!". Fue un gran día. Le propuse que venga mañana. Quiero escribir muchos cuentos y estudiar. Rindo la semana que viene y no estoy repasando mucho pero soy feliz. Eso es lo que importa. Lo importante siempre puede esperar. 
Hoy dos señoras me preguntaron en la calle si "era de acá". ¿De mar del plata o qué? (justo estaba parada en la puerta de un edificio) Sí, dije y sonreí. Creo que por primera vez en la vida no renegué de "ser de acá", de "ser de algún lado". Sí, estoy acá y estoy bien. Las ayudé con una dirección y me sonrieron. Soy de acá, ¿y qué? Está bien sentir que uno por fin tiene lo pies en algún lado, y la cabeza también (!)

sábado, 7 de marzo de 2015

Fragilidad

Hoy todo está más frágil. Tanto calor lo rompe todo. Las cosas, las relaciones, las ganas de algo. Se quebró un vaso, se astilló el vidrio de un auto. Parece que todo va a derrumbarse. Mis ovarios, mis ideas, la imaginación. Qué nos va a quedar. Restos, pedacitos, dolores, golpes. Bueno, si todo se va a romper y vamos a sufrir, mejor vamos a bailar.  Aprendamos a rompernos entre nosotros. Quiero golpearte y romperte antes de que el tiempo lo haga. Antes de que me vaya y no te vea más, y seas nada más que una anécdota que me voy a olvidar de contar. Podes destruirme vos. Quiero que lo intentes, autodestruirme me sale muy bien. O adoptame y cuidame. Y yo no me destruyo más. No me insolo, no me tatúo, no me como las uñas, no me corto más el pelo. Sino voy a quedarme sin nada.
Hoy todo es tan estúpido. El calor, la humedad, nos pone más estúpidos. El calor tilda las computadoras, no me deja usar YouTube. Se rompen los enlaces, los links, las fotos. Nadie me cree. Todo va a romperse. Les juro. Nos vamos a quedar sin nada. Hoy tengo una fiesta y voy a bailar mucho. Hay que tener cuidado con lo que uno dice porque las personas están más sensibles, molestas y ansiosas. Yo entiendo de eso. No me gusta que me lastimen o me hablen mal. Siempre estoy muy fin del mundo, todo a punto de romperse. Yo, sobre todo. En el fondo soy una persona hipersensible. Y vos, si de verdad se rompiera todo, qué romperías primero, qué harías. Quiero saber.

martes, 24 de febrero de 2015

2

noche de truenos y virtudes
puedo estudiar
puedo tener miedo
puede terminar el verano
puedo ser fuerte
voy a ser fuerte
puedo admitir que pierdo el eje
puedo encontrar solución
puedo tener suerte
voy a tener suerte
te dije voy a extrañarte
¿puedo decirlo dos veces?

lunes, 23 de febrero de 2015

1

tres remeras grises
cuatro libros en un bolso
alguien construyó
400 kilómetros de ruta y mi casa
alguien cocinó la comida y la sirvió
otro chocó un auto
entre las siete y las ocho de la mañana
alguien te extraña

sábado, 21 de febrero de 2015

viernes, 20 de febrero de 2015


Sí, siempre es el mismo día, no puedo hacer nada yo tampoco, Bill. ¿Aceptar, resignarse, vivir? Siempre la misma persona al lado mío, te amo, pero sos siempre la misma persona. La misma cama, la misma pared sucia pintada de azul. La misma cocina, el mismo mate. La misma avenida que todavía están señalizando, camino al mismo trabajo, en la misma calle. Los mismos compañeros, las mismas conversaciones, siempre de lunes a viernes. Los fines de semana siempre iguales: las mismas amigas, los mismos planes. Cambian las materias para estudiar, los exámenes para rendir: siempre es la misma costumbre. La misma ducha tibia, llena de hormigas, de humedad. La misma mascota, siempre igual de molesta y ansiosa. Yo, siempre la misma quejosa. ¿Es mi culpa? ¿Yo tengo que cambiar todo? No sé si quiero. Hay días que no cambio por nada lo que tengo. Digo, por favor, quedensé ahí hormigas, humedad, mate. No se muevan. Vos, te amo, no te vayas. Por favor. Otros días pienso en lo lejos que me gustaría estar, viviendo de vender café o ropa. De juntar kiwis como hacen todos en Nueva Zelanda. En México comiendo burritos. Tener un novio irlandés y aprender a tomar bebidas blancas sin quemarme o vomitar. Tener amigas en Ibiza y estar de fiesta todo el día y bailar y bailar y bailar. Busco en internet becas, viajes, trabajos. No termino haciendo nada porque SIEMPRE es 2 de Febrero y no hay NADA que pueda hacer para cambiarlo. NADA.

sábado, 14 de febrero de 2015

A propósito del amor y San Valentín

Siempre me gustó este poema de Ramón Paz, el de los pornosonetos

ahora estamos jugando a no querernos
a mentirnos secretos con amantes
ahora nos jactamos de inconstantes
y queremos rajar de estos infiernos
y a vos te quiero más que a la mañana
más que a todas las turras que me cruzo
mi corazón te busca como un buzo
perdido entre el naufragio y la campana
y vos quizá debajo de las capas
y las capas de bronca todavía
me querés como hacías algún día
cuando todo era nuevo en nuestros mapas
pero hagamos silencio simulemos
quizá en medio del caos nos reencontremos

sábado, 7 de febrero de 2015

Problemas de la vida moderna

Cosas que me hacen mal, necesito decirlo


1. Los taxistas que hablar por teléfono mientras me llevan.
Me pasó dos veces en un mismo día. Uno peleaba con la mujer en una avenida y el otro llevaba el celular atado al espejo retrovisor.
2. Los bares llenos de gente linda y perfumada. ¿Por qué tanta desesperación por gustar, por ser queridos? Deberían prohibir cierta cantidad de perfume sobre las personas.
3. Y la cerveza aguada.
4. Las personas que agregan la ese a todo. Vistes, comistes, salistes. No, nada.
5. El nuevo corte de pelo de mi perra.
6. Vivir al lado de una Iglesia y escuchar la misa.
7. Los recitales de verano. Sí, soy feliz, me gustan las cosas gratis, al aire libre. ¿Por qué tantas personas? ¿A todos les gusta la banda? Vamos, en serio.
8. Novios que hacen dos millones de cosas. Amigas que hacen dos millones de cosas. Y yo, que estoy leyendo "La cautiva" de Echeverría.
9. Las pinturas en vivo mientras toca una banda. Ni hablar del body painting. Ya que lo dije, los tatuajes de henna.
10. Todo lo anterior en Mar del Plata con 30 grados y picaduras de mosquito.
Sí, hay cosas más importantes. personas que se sacan miles de selfies, chicas que se anotan para ser la Reina del Mar, amigas que de la mañana a la noche no te hablan nunca más, libros con olor a humedad, el mueble que encargué hace dos días y van a tardar un mes en hacerlo. Haber cobrado y no tener más plata. Eso es terrible.



martes, 3 de febrero de 2015

Alberdi, Sarmiento y yo

Me voy del trabajo y me siento sola. Como incomprendida porque necesito ayuda y las personas están muy preocupadas con sus vidas adultas y yo me siento una molestia. Me voy. Me voy a mi casa porque tengo clases particulares de la carrera, de temas difíciles que nunca pude aprender. Me pregunto si la culpa fue mía o de los profesores. Como en el trabajo. ¿No aprendemos por falla de los demás? ¿De ambos? ¿Es responsabilidad de otros que nosotros sepamos algo? ¿Por qué nadie quiere enseñar lo que sabe? Creo que todos queremos sentirnos especiales y si todos sabemos lo mismo dejamos de ser imprescindibles. ¿Se aprende más si el camino es más difícil? ¿Nos hacemos mejores si nos frustramos y sentimos solos? ¿Por qué todo funciona con sacrificio? ¿No podemos ayudarnos y que sea más fácil? Es tan extraña la lógica del mundo, de las personas. Yo pienso que quiero ser diferente. Por favor, no ser como fulano, como mengana. Recordatorio, Agustina. No seas así. No te conviertas en eso. ¿Se puede? ¿Se puede estar mil años con la misma persona y seguir sonriendo, no convertirnos en un ogro? ¿Se puede ir al trabajo sin ser la chica estresada de los mil papeles que no tiene un segundo para hacer un chiste? ¿Se puede crecer y tener responsabilidades pero sin dejar de reír? Y eso que para mí la risa es una cosa más, como los besos, las caricias, las cosas lindas que a veces nos dicen. ¿En serio soy especial? ¿En serio no soy así? ¿Soy diferente porque no soy lo que son todos?
Mientras tanto Alberdi y Sarmiento se pelean. Me compre sus cartas y estoy leyendo sobre su polémica. Yo pienso y pienso y ellos se siguen peleando. Se pelean hace siglos. Yo empiezo una pelea con el mundo. No quiero ser lo que no quiero ser. Tiene que haber otra manera. ¿Dónde están las personas que nos demuestran que se puede? No voy a convertirme en algo que no quiero. ¿Es inevitable? ¿Hay cosas inevitables? Creo que no. Hacemos y deshacemos todo como queremos, somos los reyes del mundo. Después la culpa es de otro, del "destino". Alberdi y Sarmiento siguen con su polémica. Yo voy al almacén a comprar chauchas para una ensalada. En el camino pienso en ellos, en mí. Me faltan 500 palabras para cerrar una reseña que entrego estos días para una revista. Hoy fui al banco y las personas estaban enojadas, apuradas. No quiero eso. No quiero que "cansada" y "trabajo" sean mis palabras más nombradas. Basta. Hasta acá. Alberdi, Sarmiento, cualquiera, un ultimátum para mí, una carta de las suyas, dura, impactante, hiriente, que diga, "Agustina, no podés ser una persona enojada y cansada. Esperamos más de vos." Algo así.

domingo, 1 de febrero de 2015

Balance

En el 2014 me tatué, me corté el pelo tres veces y rendí cuatro finales. Pensé que iba a terminar de cursar y no pude. Me di con un caño por eso pero conseguí un trabajo en blanco y estable. Por el momento. Estoy pensando qué voy a hacer el 2015. Por lo pronto nos vamos un mes de viaje con Nicolás, el chico explorador. También quiero escribir más cuentos, estudiar. No son sueños, son proyectos. No me pregunten que quiero porque no lo sé, tampoco qué voy a hacer. Pero me gusta soñar, me gusta planear más que concretar. Por eso la vida tiene sentido. Si no pienso que voy a hacer algo, despertarse mañana lunes a las 8 de la mañana -o antes, debería despertarme antes- sería todavía más difícil. En el 2014 leí poesía en algunos eventos y festivales, gané una beca de investigación, pero también me sentí perdida y sola. Pinté mi casa. Ah, y tenemos una perrita viviendo en casa. Me acuerdo que Joaquín a su vuelta de Europa decía que (esperando cambios y noticias) nadie había hecho demasiado ni transformado nada. Me entristecí demasiado porque yo siempre tengo la ilusión de que hago cosas y cambio pero en el fondo entendía que era cierto. Y vos, qué haces para que todos los días no sean iguales, la misma cosa aburrida y terrible que después nos pega un domingo como hoy, nos hace preguntarnos por todo, dudar hasta de la vida misma. Dale, qué haces. Yo, qué hago. Eso, qué hago.