miércoles, 8 de abril de 2015

Demasiado zen

Voy a clases de canto todos los miércoles. No lo digo a todo el mundo porque es como aprender idiomas y que te digan "dale, habla". Me da vergüenza. Ahí me di cuenta cuánto miedo tengo de hacer cosas nuevas y más miedo de que me salgan mal. Mi profesora de canto además de eso es psicóloga. Le robé el contacto a una amiga con la que ya no hablo. Ir a canto me acerca un poco a ella. Cada vez que voy me acuerdo de que empezamos a ser amigas cuando ella iba a canto. ¿Será una forma muy rebuscada de buscarla? No sé porqué dejamos de hablarnos pero son esas cosas que suceden como si nada y después se vuelven costumbre. También me la recomendó un amigo a la profesora que la fue a ver cantar y también quería empezar pero finalmente no lo hizo. En fin. Ella es psicóloga. Me dice que basta de miedo, de pudores, que no importa desafinar ni "dar en la nota". Un día me dijo que tenía buena voz para acompañar una voz principal. Por lo adaptable, por la armonía. "Corista", le dije. "Siempre segunda, nunca protagonista". No sé de dónde saqué eso. En realidad no creo haber sido segunda en casi nada. Fui la primera hija, fui primera escolta, primera novia de varios. Qué se yo. Creo que siempre me sentí segundona. Mis hermanas fueron llegando y quizás me sentí desplazada. No sé. La cuestión es que ella es psicóloga y eso me inhibe un poco. Pero cantando descubrí no importa hacer las cosas para ganar dinero o ser el mejor.
Mañana voy a leer en el museo en un festival y me da vergüenza. ¿Por qué me pongo nerviosa con todo lo que implique público? A veces es una persona o dos, ni siquiera se trata de grandes escenarios. Cuántas cosas haría sin miedo, sin timidez. A la vez es así como soy y no puedo cambiarlo. Por ahí alguien se enamoró de mí porque era tímida o causó gracia en alguna ocasión. No todo lo que parece malo en verdad lo es. Nunca hay que subestimar los defectos. ¿Es demasiado zen? 

martes, 7 de abril de 2015

Despedida

Estoy yendo a cursar y con suerte es mi último año. La facultad me dio algunas cosas y me quitó muchas. Apenas entro al aula ya estoy agotada. Me canso de escuchar a mis compañeros, a las profesoras, a los "textos". La palabra "texto", me tiene bien podrida. Es como tener una relación con alguien que te irrita, a quien no tenés ganas de escuchar. Mi novio se va a cursar a La Plata. Me despido por dos días. Se va y lo extraño y pienso cuánto lo quiero. A veces lo detesto y me molesta hasta con su respiración. Quizás con la facultad me pase lo mismo. Si no estudiara querría más que nada en el mundo estudiar. Pero ahora estudio y me queda relativamente poco. Quizás sean mis últimos pasos como estudiante. Y no me importa eso de las pasiones y qué se yo, la literatura es una pasión, los textos. Nada. Yo no me creo nada de todo eso. No sé si tengo pasiones. Si existía ya se apagó. Como el amor de los primeros meses. 
Cada vez que entro a la facultad pienso en todas las cosas que ahí hice. Las primeras clases. La foto que me sacó mi papá antes de entrar a cursar la primera vez. Cuánto cambié. Era ingenua. Lloré por sacarme un siete en mi primer parcial. Yo sentía que merecía más. Pero a quién importaba eso si el examen final era lo único que contaba. La nota fue mayor. Tuve buenas notas. Bastantes. 
Mis expectativas empezaron a bajar, con aprobar me conformaba. Cada vez quiero saber menos con rendir. Pienso que no volver a presentarme al examen es resultado suficiente. No me importa la mediocridad, no ser lo más, la más inteligente, la mejor. No quiero seguir yendo a la facultad. Lo tengo decidido. 
También participé en la vida institucional de la facultad. Fui consejera de la carrera varios años. Iba a las asambleas, me quedaba a dormir en el piso cuando se tomaba la facultad. A veces en las aulas donde ahora curso mis últimas materias me veo tirada en el piso, en una bolsa de dormir con el cierre falseado, la garganta dolorida de tanto fumar. Hablo en pasado porque ya no participo, no me intereso, no me indigno. Solamente voy y camino como un fantasmita, contando los días para no ir más o para poder decidir si hacerlo o no. 
Mientras tanto cumplo con el mandato social familiar cultural de estudiar y terminar. Quiero terminar. Me va a hacer bien. Me gusta la literatura. Pero la facultad ya no es ambiente propicio para aprender ni crecer. Las chicas que cursan conmigo. Se parecen demasiado entre sí y yo a ellas y me preocupa. Todos nos parecemos lo suficiente como para que sea preocupante. Estoy cansada de tener que cortar mi día para ir a cursar, a hablar de cosas que no me interesan. Hoy por ejemplo en didáctica específica hablamos de la enseñanza de la lengua materna, los desafíos docentes. Participo para no dormirme. Tenía frío y sueño. Me pasa cuando estoy por irme que me recuerdo que nunca más voy a volver a pasar por eso. Que no es tan grave y hay cosas peores. 
Me estoy despidiendo de mi vida porque ya no es mía. Como el tema de Fito. "Pero eso estaba ok". Tengo una vida que es la consecuencia de decisiones que tomé hace mucho tiempo. Muchísimo. Para una vida tan corta es muchísimo tiempo. Necesito repensar todo y volver a elegir. A elegir lo que quiero y hacerlo. Volver a disfrutar de hacer cosas. 
Me gustaría cantar y tener una banda. Viajar mucho. Quizás mi vida no sean las letras. O en una de esas sí. Ojalá que no. Me aburre hacer siempre lo mismo. Pero voy a terminar. Voy a poder. Hoy la profesora decía que a fin de año íbamos a ser profesores y a enfrentarnos a no sé qué y yo pensé que no que yo a fin de año no voy a ser nada. Ojalá para esa fecha esté planeando un campamento o comprando regalos de navidad. Me cansé de las cosas profundas, del compromiso social y la conciencia crítica. Esas cosas no te dan de comer ni te abrazan a la noche cuando te estás muriendo de frío porque es abril y en abril hace frío como en agosto. 

sábado, 4 de abril de 2015

Don't marry me

Ayer estuvimos hablando con mi cuñada sobre su casamiento y me dí cuenta, como una epifanía, una revelación, de que yo nunca voy a casarme. No tengo nada en contra del casamiento. Sí, pienso que el amor no debería estar regulado por ninguna ley ni institución, el estado no debe entrometerse en nuestras vidas, cosas así, pero que no digo por miedo a parecer demasiado extremista o pesada. Pero no, en el fondo, me gusta ver a las personas felices y no hablo desde ningún lugar de autoridad moral o soberbia. Mi definición creo que tiene que ver con otra cosa.
1985. El casamiento de mis padres. Mi mamá una estudiante de pedagogía, mi papá veterinario. Un departamento en La Plata, muchos amigos, amor, gatos, perros, visitas. Después de muchos años, admitían que "era el paso que seguía", "todos en esa época nos casábamos". Se terminaron separando. Y eso no tuvo que ver directamente con el hecho de casarse o no, mi papá era muy niño aún, mi mamá bastante demandante. Que ya no se querían, decía mi mamá. Cada vez que veo fotos de casamientos o pienso en eso, me acuerdo de mamá y papá.
En álbumes guardo todas las fotos de su relación, matrimonio y nosotras, sus hijas. Las heredé sin pedirlas, en un acto de despecho quizás de ambos o de superación. La cuestión es que en sus viajes, en su época de estudiantes se ven tan hermosos. Flacos, hippies, contentos. Con los bebés también. Pero en el casamiento no. Están gordos, mi mamá muy adulta, con el pelo corto. Mi papá peinado a la gomina. Como más grandes. Ella volvió a casarse y a separarse por segunda vez. Mi papá no. No se casó pero tuvo hijos y también se separó. Yo desde muy chica aprendí que las cosas se terminan y los hombres se van. Mamá después tuvo varios novios, estuvo sola. Estábamos muy bien viviendo solas.
Para mí su casamiento es el principio del fin. Guardo sus fotos de juventud como un tesoro en el que había amor. Lo que vino después no fue mejor. Se aburrieron, ya sabían que se tenían, la ley lo probaba. Empezaron a querer cosas distintas. Mi mamá finalmente tomó la decisión de quedarse sola, aunque no por mucho tiempo. Esa fue otra lección que aprendí. No hay que conformarse con el primero que se cruza en nuestro camino, aunque tengamos con él la escritura de una casa, una vida asegurada e hijos. Todo se puede arreglar pero la insatisfacción.. Eso no tiene arreglo. Por pensar así mi mamá se divorció con tres nenas, sola, a buscar otro hombre que fuera como ella lo quería. Mi papá pidió un crédito en el banco y se compró un departamento. Me dijo varias veces que había aprendido la lección y no iba a casarse de nuevo. Desde esos días cualquier foto de casamiento me trae recuerdos tristes, aunque prefiero a mis padres felizmente divorciados, que juntos.
Ellos  se separaron cuando tenía seis años. No recuerdo mucho de antes pero sí del divorcio. Escuchar sus quejas, los trámites, los abogados, la guita. La guita. Eso. Todo el tiempo. Pienso: lo complicado siempre es encontrar a esa persona increíble que te cambia la vida, no separarse. Si ya no hay amor no tiene que ser difícil terminar. Algo tiene que estar mal. ¿Tanto esfuerzo para probar el amor? ¿Tanto para separarse? Dinero, organización, tiempo. Yo quiero un amor sin nada. Vacío. No quiero vestidos, no quiero fiestas, no quiero fotos. Quiero que sea tan fácil vernos como separarnos. Porque tengo la ilusión de que si no nos une nada y seguimos juntos es porque queremos. Los papeles, las personas, las declamaciones lo enrarecen todo. Además me encanta estar en contra de las cosas. Quiero un amor diferente.
Torta de casamiento mamá y papá


miércoles, 1 de abril de 2015

Dormir sola

Dormir sola no es en sí mismo algo malo pero es muy distinto si es por elección, por accidente o por castigo. Anoche dormí sola por accidente; mi novio fue a lo de su hermana a comer y se quedó ahí porque nadie le iba a bajar a abrir (viven en un piso trece, creo). Lo extrañaba. Dormir sola era diferente, como anormal. No era mi rutina. Lo extrañé. Tenía más frío, porque es cierto que hace más frío si uno duerme solo.  Sus movimientos, su alergía a mitad de la noche, que se despierte antes que yo y se vaya a trabajar. Hace tres años que dormimos juntos casi todas las noches. Me torno nostálgica si no está, no me duermo, doy vueltas y vueltas y vueltas. Los ruidos me dan miedo, empiezo a pensar cosas feas y finalmente, lo admito, necesito al hombre al lado para sentirme protegida. Cualquiera, pienso al ratito. Soy una boluda. Cómo voy a decir eso. Entonces me acuerdo de cuando vivía sola, los primeros meses en mi antiguo departamento, un colchón en el piso. No tenía computadora ni televisión. Llamaba a cualquiera para que me hiciera compañía y cuando todas las respuestas eran "no puedo", desesperaba.Y lloraba. Pero no estaba nada mal, era mi normalidad. Pensaba mucho, tenía ideas que ya no tengo, escuchaba las conversaciones de las personas que caminan a la noche o las bocinas de los autos. Escuchaba música y me dormía. O lo que era mejor: leía. Ya no leo, no escucho música ni llamo a mis amigos para que vengan a dormir a mi casa. Un abrazo de mi novio -ni siquiera-, su presencia al momento de dormir, es la tranquilidad para alcanzar el sueño más profundo.
Dormir sola por elección o por accidente no está mal. Tenes el lugar de la cama que querés, sabés que al otro día él vuelve y todo está como antes. Ahora, dormir sola porque nadie quiere dormir con vos, eso es terrible. Mi mamá recién separada deambulaba por toda la casa hasta la madrugada comiendose todo lo que quedaba en la heladera. Fumaba un atado de cigarrillos en apenas un rato. Para no dormir sola, claro. La cama, el lugar más hermoso de la casa, era su peor enemiga. Le recordaba que estaba divorciada, otra vez, y sus hijas ya eran grandes para meterlas en la cama y abrazarlas como bebés. Y sí, ya éramos lo suficientemente adultas para darnos cuenta que su miedo era de estar sola. Lo que no consigo distinguir es si una tiene miedo de quedarse sola o de quedarse sin un hombre. Yo no tengo problema en admitir que los hombres me dan seguridad. Cuando tocan el timbre a las cuatro de la mañana porque le quisieron robar el auto a tu vecino, él se levanta, prende las luces, atiende, dice "yo voy" y va a la puerta. Pero, ¿es más cómodo dormir con alguien o dormir solo?
Cuando mi novio viaja a La Plata uso toda la cama para mí, miro televisión hasta cualquier hora, hablo por teléfono, me siento más libre. La cama es más cómoda. ¿Por qué si es tan lindo dormir abrazado con alguien al otro día nos levantamos acalambrados y doloridos? Sacame el brazo, me aplastas el pelo, me pinchaste, correte, dame sábana. ¿Por qué tantas aclaraciones para poder dormir? Cada uno necesita encontrar un lugar en la cama, como si fuera un rompecabezas y las piezas tienen que encastrar perfecto. Eso pasa, a veces. Pero no es casualidad que cuando más cómodo se vuelve dormir con alguien más ganas tenemos de dormir con otras personas. En mi caso tengo más ganas de dormir sola. Me asusta la dependencia que tengo con los hombres. La inseguridad y el miedo que tengo cuando es de noche y estoy sola. A veces veo figuras en las cosas o en las sombras de las cosas. Pienso por dónde podría entrar alguien y por dónde escapar yo si eso pasa. Me acostumbré a que somos dos y eso nos hace más fuertes a cada uno. No sé si es verdad o no, acostumbrarse nunca está bien. Olvidamos cómo era dormir solos, dormir con desconocidos, dormir en otras camas. Después estar solo cuesta más y hay que aprender todo de nuevo, como le pasó a mi mamá. Somos como paralíticos del amor. Sin piernas ni nadie que nos lleve. Pero es seguir o morir en el intento. Mi suegra hace casi cuarenta años que está casada. Nunca los vi darse un beso ni un gesto de amor y no exagero. Mi novio me dice que él tampoco y comprueba mi teoría: acostumbrarse es malo. Se mudaron nada más que dos veces de casa. Varias veces dijeron que se divorciaban y a la semana volvían. Mi otra teoría es que nunca van a separarse. No le digo esto a mi novio pero descreo en algún punto de que después de tantos años, cada uno pueda estar, dormir, solo. Dormir es importante. Dormir bien, digo. Sino no servimos. Trabajamos mal, queremos mal, estamos de mal humor, damos lástima. Mis suegros parece que lo único que hacen es dormir bien juntos. No sé si se quieren, si lo hacen, lo hacen en un modo extrañísimo, pero por alguna razón siguen juntos. Sus hijos se fueron casi todos de la casa, problemas económicos, no tienen. Yo pienso que duermen bien juntos. Además aparece el problema de quién se lleva la cama. ¿De quién es la cama? Las camas son de los que duermen ahí. Hay que venderla y vender el problema a otra pareja. Empezar de nuevo. Comprar otra cama. Pensar bien con quién vamos a compartirla o si esta vez no es mejor aprender a dormir solo, hacernos adultos, de una vez y para siempre.

viernes, 27 de marzo de 2015

Queréme

Últimamente estoy escuchando mucho una canción vieja, un "hit" de los Cardigans. La canto y la toco en la guitarra. Se me ocurrió hacer una traducción y cantarla en español. Como soy demasiado vergonzosa sólo voy a copiar la traducción y no un video donde salgo horrible y canto mal. La traducción es pava, la canción no es muy difícil pero la hice sin mirar Google, ni nada. Se llama "Lovefool" y habla de un amor histérico, de alguien que quiere que la quieran pero casi rozando la entrega absoluta mezclada con sometimiento. No sé porqué me gusta o la escucho. Creo que una parte de mi quiere sentir lo que la canción dice. No es que no esté enamorada, tengo un novio muy lindo, inteligente y bueno. Todo lo que siempre quise. Todo lo que la mayoría quiere. Pero el no ser correspondido, la histeria. La histeria, eso. Quisiera volver a enamorarme, sólo para vivir ese primer momento de incertidumbre y misterio. Sentirse solo y desesperado es más emocionante que tener al hombre de tus sueños viviendo en tu casa, todo para vos. Una parte de mi quiere sufrir, quiere que le rompan el corazón y no contesten los mensajes. Pero eso no pasa y cuando pasa deseo lo contrario. Al fin, la histeria es constante. El sufrimiento está desvalorizado, todos estamos escapando de él todo el tiempo. Y qué poco sabemos, los que alguna vez pedimos al amor de nuestras vidas y el final feliz. No entendemos nada. Los finales no existen y la felicidad, todo, es aburrido. Estoy en contra, estos días. Triste. Triste y algo decepcionada. Por eso me encantaría enamorarme, que me mientan un poco, me dejen sola y después quejarme. Los sentimientos son más puros, más verdaderos. Hay menos vicios. Nada de esto es en contra de mi novio. Al contrario, estoy muy contenta con él y tampoco podría dejarlo. En un rato seguramente llegue, se bañe, cocine la comida y vayamos a dormir.
A veces veo parejas que se están besando en la plaza y hace frío y pienso que ni loca estaría haciendo lo mismo, abajo de la lluvia, el viento, sin abrigo. Pero es porque no necesito hacerlo. O cambiarme quince veces antes de salir con alguien y sentirme fea y al mismo tiempo hermosa. Caminar para llegar al encuentro, muriendo de nervios y de ansiedad. Por dentro, en verdad, me muero de ganas de tener frío, de no tener paraguas ni abrigo, de que me besen en una plaza y nos vean todos. Después volver a mi casa, extrañar a un hombre que aunque yo no lo sepa va a hacerme sufrir mucho.

Creo que tenemos un problemita.
No me amás y no hay nada
que pueda hacer para conseguir que me ames
Mamá dice: ni te molestes
gustá de otro, otro que te merezca.
Pero yo creo que ese sos vos.
Por eso lloro y me quejo y pido
Dale, quereme
Decí que me querés
Boludeáme, boludeáme,
Dale, boludeáme
Fingí que me querés
O no, mejor dejame
y decime te necesito.
Entonces lloro y te pido
Dale, queréme, decímelo
Dejáme y decime que me necesitas.
No me importa otra cosa que no seas vos.
Me pongo depre y pensativa
Paso las noches insomne
preguntándome qué pude o no
haber hecho para que te quedaras conmigo.
La razón no va a darme soluciones,
sólo me va a dejar confundida.
No me importa que no te importe,
mientras no te vayas más.
Y pido y ruego y lloro:
queréme, dale.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Tengo muchas ganas de tener dieciocho años o menos y volver a vivir con mi mamá y mis hermanas. No puedo creer cuánto me quejaba en ese momento de vivir con ellas, respetar las poquísimas reglas que me ponía: avisarle lo que hacía, tener ordenado el cuarto, estudiar. Cuánto deseaba cumplir dieciocho. Mis amigas y yo, tantas noches diciendo "cuando tengamos dieciocho". Todos los boliches y bares a los que quería entrar y no podía y ahora que puedo no voy. Me acuerdo de adulterar los documentos, hacernos pasar por más grandes. Ahora que lo somos ya ni nos juntamos a salir. Y qué ganas de no trabajar, no tener obligaciones, no ir mañana a la facultad. Por qué no sabía en ese momento que ser adulta era una mentira. Si alguien me lo hubiera dicho seguro hubiese disfrutado más y pensado menos en el futuro.
¡Cuando viva sola! ¡Cuántos hombres voy a poder llevar sin pedirle permiso a mi mamá! ¡Cuántas fiestas sin padres, descontrol y dormirse a cualquiera hora! Con suerte a las once engancho alguna película en tv que me guste y me quedo despierta. Y ahora, tantas ganas de adulterar algo, mentir, esconder las notas del cuaderno de comunicaciones. Ese gustito de estar ilegal en algún lado o tener que disfrutar hasta determinada hora. Ser adulto es tan pero tan aburrido. Sin un mango, caminando cuarenta, cincuenta cuadras para volver a casa con miedo, acompañada por algún desconocido quizás, alguna amiga. Y ahora tanto taxi, tantas pocas ganas de salir a ningún lado. Tanta comodidad. Mis billetes se aburren en la cuenta bancaria. A veces me hablan, me dicen, gastános, salí, emborráchate. Y eso pasa, a veces, pero es tan aburrido. Nunca más va a volver a ser lo mismo. Mamá no va a decirme "tenés olor a cigarrillo", "el cigarrillo es malo". Ahora fumamos juntas. Si se pudiera volver el tiempo atrás volvería a los diecisiete, a la escuela, sí, que tan poco me costaba. Hoy en la oficina estaban todos locos porque se vienen los concursos para planta permanente. Tanto cansancio, tanta adultez y responsabilidad junta. Mis compañeros hablan de sus hijos, se pelean con sus mujeres y maridos por teléfono. Todavía me falta para eso, pero por momentos pienso que de ninguna manera quiero estar ahí. O no sé, una amiga dice que cuando tenga hijos ya no va a estar más deprimida porque va a tener algo importante en qué pensar. Lo demás dice que no le va a importar. ¿Tendra razón? Prefiero no arriesgar. Voy a intentar volver a los dieciocho como pueda, disimulando, para no parecer una boluda que no acepta su edad y funciona a contra reloj.

sábado, 21 de marzo de 2015

San Agustín

Ayer le dije a madre si podía ir a cenar a la casa y me contestó que tenía el cumpleaños de una amiga suya, Viviana. Recordé que hace muchos años ella, su marido y sus hijas se habían ido a vivir a un pueblo de menos de trescientos habitantes de la provincia de Buenos Aires. Su marido es médico y en ese momento había conseguido trabajo en una salita médica en la que se atendían personas de varios pueblos cercanos. No sé porqué me acordé de eso pero me pregunté por ella, qué corno habrá hecho mientras su marido trabaja y sus hijas iban a la escuela en ese pueblo solitario. Pensé en cuánto me gustaría escribir sobre esos días de esa señora, allá en San Agustín. No porque fuesen interesantes o significaran algo para mí sino porque sentía intriga. Y al mismo tiempo no tenía una respuesta. En serio, qué había hecho con tanto vacío, con tanto tiempo. A mi me falta tiempo. No tengo tiempo para estudiar, para cantar, para estudiar idioma, ni siquiera para hacer las cosas pendientes del trabajo. Todo mi día está ocupado: trabajo, facultad, música, novio, amistades, descanso, familia. Ahora mismo mientras escribo esto tengo la ventana del aula virtual de didáctica específica abierta, porque tengo que leer un artículo. Y esa mujer, ¿se habrá sentido aburrida? ¿habrá pensado mucho mientras vivió en San Agustín?, ¿Por qué habrá elegido irse con ese hombre ahí? ¿Habrá sentido que era su lugar en el mundo?
Yo creo que no tengo lugar en el mundo. Me gustan esos mundos posibles donde me puedo imaginar lo que las personas hicieron o hacen. Me la imagino en una ventana mirando los pastizales. Me acuerdo que tenían una sola radio porque la antena no podía captar otras. Y me identifico con ella y no, al mismo tiempo. Pero cuáles habrán sido sus días, sus pensamientos, me intrigan, me gustaría saberlo. No sé si voy a terminar como ella, siguiendo a mi novio médico por la provincia de Buenos Aires, cambiando a mis hijos de colegio varias veces, o si voy a estar separada, sola. Dónde voy a vivir.
Madre está un poco triste porque nos fuimos las cuatro de casa. Me dijo que no encontraba mucho sentido a la vida. Pero no en sentido suicida o depresivo sino de manera sincera, le faltaba algo. Tiene novio y un perro. Pero su felicidad era llevarnos al colegio, revisar las tareas, cambiarnos, vivir apurada. La adrenalina. No sé. Ahora está en una meseta, dice. El trabajo es aburrido, la cena. ¿Tendré hijos? ¿Me pasará lo mismo? Ojalá pudiera darle un nieto para que se divierta sin tener que criarlo yo. O volver a ser chica, disminuirme, dejarme querer y atender por ella, para que vuelva a ser feliz. Fuimos a comprar ropa, bombachas y corpiños, me dijo que se sentía mejor. Me da miedo porque la veo envejecer, sé que por dentro siente eso. Y sí, es el curso natural de la vida, nacer, vivir, morir, pero no sé, es triste porque fue hace tan poco que vivíamos juntas y nos divertíamos tanto. A diferencia de mis amigas yo tuve una relación muy buena con ella, era una amiga más pero sin dejar de ser madre. Viviana, ella, son mujeres de otra generación, que nacieron para tener hijos y vivir por ellos. Por ellos se mudaron varias veces, a pueblos de mala muerte, feos, casas más chicas, más grandes, se casaron, se divorciaron. Siempre por lo mejor para ellos, nosotros. Yo creo que soy diferente. Quiero vivir para mí aunque eso suene egoísta. Todos los sueños que tengo sólo me incluyen a mí. Y aunque eso pueda cambiar creo que soy diferente, no sé si es mejor o peor. Pero para mí tampoco tiene mucho sentido la vida, ahora. Y aunque no le dije eso a mi mamá me sentí identificada con lo que decía. En eso nos parecemos. Siempre estamos insatisfechas. Los hombres no nos terminan de convencer y hacernos feliz, las cosas materiales tampoco. Quizás haya que irse a San Agustín a vivir, donde no hay nada para comprar, casi no hay personas, y si no hay eso quizás tampoco haya deseos. Porque nuestro problema es que todo el tiempo estamos soñando algo diferente. Mi mamá queriendo volver al pasado; yo, al futuro. No tiene sentido tampoco. Aunque se cumpla lo que queremos estaríamos en el mismo lugar, diciendo que la vida no tiene sentido, y es que el fondo, acá, en San Agustín, en el futuro, nada tiene mucho sentido.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mis días son demasiado largos, pasan demasiadas cosas. No tengo mucho tiempo para escribir. Es como un efecto bola de nieve. Yo no sé si yo soy la que quiere hacer de todo o si las obligaciones se van generando solas, por culpa de estar rodeada de gente que me presiona o no sé. El punto es que casi no quiero hacer ninguna de las cosas. Sólo las clases de canto. Es que a veces algunos vacíos que dejan ciertas personas sólo lo llenan las obligaciones u otras personas. No importa quiénes. A veces porque no sabes qué hacer con la libertad, los ratos libres, los espacios entre una obligación y otra. 
Quiero sacar más canciones con la guitarra y cantar más. Hoy canté Ambar Violeta y la profesora me dijo que mi voz era buenísima para acompañar a otra voz,como que era "adaptable" y "armónica". "Nunca protagonista, yo", pensé. Después recordé que mi profesora de canto es también psicóloga. Hablamos un poco del miedo y del no sentirse gustado. Pero me dijo "querela a tu voz, es la única que hay". Me fui cantando por la calle.
Ahora estoy tocando un tema de Elvis Presley. Una amiga me canceló para cenar y por fin dije, aliviada, "¡No soy yo la que cancela!". Fue un gran día. Le propuse que venga mañana. Quiero escribir muchos cuentos y estudiar. Rindo la semana que viene y no estoy repasando mucho pero soy feliz. Eso es lo que importa. Lo importante siempre puede esperar. 
Hoy dos señoras me preguntaron en la calle si "era de acá". ¿De mar del plata o qué? (justo estaba parada en la puerta de un edificio) Sí, dije y sonreí. Creo que por primera vez en la vida no renegué de "ser de acá", de "ser de algún lado". Sí, estoy acá y estoy bien. Las ayudé con una dirección y me sonrieron. Soy de acá, ¿y qué? Está bien sentir que uno por fin tiene lo pies en algún lado, y la cabeza también (!)

sábado, 7 de marzo de 2015

Fragilidad

Hoy todo está más frágil. Tanto calor lo rompe todo. Las cosas, las relaciones, las ganas de algo. Se quebró un vaso, se astilló el vidrio de un auto. Parece que todo va a derrumbarse. Mis ovarios, mis ideas, la imaginación. Qué nos va a quedar. Restos, pedacitos, dolores, golpes. Bueno, si todo se va a romper y vamos a sufrir, mejor vamos a bailar.  Aprendamos a rompernos entre nosotros. Quiero golpearte y romperte antes de que el tiempo lo haga. Antes de que me vaya y no te vea más, y seas nada más que una anécdota que me voy a olvidar de contar. Podes destruirme vos. Quiero que lo intentes, autodestruirme me sale muy bien. O adoptame y cuidame. Y yo no me destruyo más. No me insolo, no me tatúo, no me como las uñas, no me corto más el pelo. Sino voy a quedarme sin nada.
Hoy todo es tan estúpido. El calor, la humedad, nos pone más estúpidos. El calor tilda las computadoras, no me deja usar YouTube. Se rompen los enlaces, los links, las fotos. Nadie me cree. Todo va a romperse. Les juro. Nos vamos a quedar sin nada. Hoy tengo una fiesta y voy a bailar mucho. Hay que tener cuidado con lo que uno dice porque las personas están más sensibles, molestas y ansiosas. Yo entiendo de eso. No me gusta que me lastimen o me hablen mal. Siempre estoy muy fin del mundo, todo a punto de romperse. Yo, sobre todo. En el fondo soy una persona hipersensible. Y vos, si de verdad se rompiera todo, qué romperías primero, qué harías. Quiero saber.

martes, 24 de febrero de 2015

2

noche de truenos y virtudes
puedo estudiar
puedo tener miedo
puede terminar el verano
puedo ser fuerte
voy a ser fuerte
puedo admitir que pierdo el eje
puedo encontrar solución
puedo tener suerte
voy a tener suerte
te dije voy a extrañarte
¿puedo decirlo dos veces?

lunes, 23 de febrero de 2015

1

tres remeras grises
cuatro libros en un bolso
alguien construyó
400 kilómetros de ruta y mi casa
alguien cocinó la comida y la sirvió
otro chocó un auto
entre las siete y las ocho de la mañana
alguien te extraña

sábado, 21 de febrero de 2015

viernes, 20 de febrero de 2015


Sí, siempre es el mismo día, no puedo hacer nada yo tampoco, Bill. ¿Aceptar, resignarse, vivir? Siempre la misma persona al lado mío, te amo, pero sos siempre la misma persona. La misma cama, la misma pared sucia pintada de azul. La misma cocina, el mismo mate. La misma avenida que todavía están señalizando, camino al mismo trabajo, en la misma calle. Los mismos compañeros, las mismas conversaciones, siempre de lunes a viernes. Los fines de semana siempre iguales: las mismas amigas, los mismos planes. Cambian las materias para estudiar, los exámenes para rendir: siempre es la misma costumbre. La misma ducha tibia, llena de hormigas, de humedad. La misma mascota, siempre igual de molesta y ansiosa. Yo, siempre la misma quejosa. ¿Es mi culpa? ¿Yo tengo que cambiar todo? No sé si quiero. Hay días que no cambio por nada lo que tengo. Digo, por favor, quedensé ahí hormigas, humedad, mate. No se muevan. Vos, te amo, no te vayas. Por favor. Otros días pienso en lo lejos que me gustaría estar, viviendo de vender café o ropa. De juntar kiwis como hacen todos en Nueva Zelanda. En México comiendo burritos. Tener un novio irlandés y aprender a tomar bebidas blancas sin quemarme o vomitar. Tener amigas en Ibiza y estar de fiesta todo el día y bailar y bailar y bailar. Busco en internet becas, viajes, trabajos. No termino haciendo nada porque SIEMPRE es 2 de Febrero y no hay NADA que pueda hacer para cambiarlo. NADA.

sábado, 14 de febrero de 2015

A propósito del amor y San Valentín

Siempre me gustó este poema de Ramón Paz, el de los pornosonetos

ahora estamos jugando a no querernos
a mentirnos secretos con amantes
ahora nos jactamos de inconstantes
y queremos rajar de estos infiernos
y a vos te quiero más que a la mañana
más que a todas las turras que me cruzo
mi corazón te busca como un buzo
perdido entre el naufragio y la campana
y vos quizá debajo de las capas
y las capas de bronca todavía
me querés como hacías algún día
cuando todo era nuevo en nuestros mapas
pero hagamos silencio simulemos
quizá en medio del caos nos reencontremos