domingo, 24 de abril de 2016

Últimamente no escribo porque estoy muy enamorada...
A mi no me funciona eso de escribir sin dolor.


Sepa disculpar.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El despido

Hace varios meses que estamos esperando el telegrama de despido o el fin de nuestros contratos de trabajo. Con los días fuimos perdiendo las esperanzas (si es que son esperanzas) de seguir trabajando. En este tiempo, escuché de todo. Algunos me dijeron que estaba bien limpiar la basura del estado y otros que para mí, que soy "trabajadora e inteligente" "se cerraba una puerta pero se abrían mil ventanas". Palabras textuales. Bueno, en fin, no saber qué hacer con la vida de uno es una porquería. Cuando pienso en buscar otro trabajo, pienso que no voy a perder el actual y por el momento me conviene más que muchos otros. Y a la vez no tengo ganas de cambiar. Por fiaca, por negación, ignorancia o estupidez; por lo que sea. Pero claro, por qué hay que hacer algo con la vida? Siempre quise ser arrastrada, arrojada a los lugares y no tener que tomar decisiones imposibles como dejar un trabajo para tener otro. Escribo pero no puedo vivir de la escritura. ¿Alguien sabe por qué no podemos vivir de las cosas que no gustan? No, nadie lo sabe. Es probable que invierta toda mi vida tratando de responder esa pregunta. Escribo guiones pero no puedo dedicarme a eso y encima hacer dinero. Hoy me quedé dormida una hora en la cama y soñé que era cantante. No canto tan mal, podría ser mejor. Sin embargo, nada de lo que hago fuera de mi trabajo me da dinero. Soy de una generación a la que le dijeron que tenía que hacer lo que quería y le generara placer. Pero no sé porqué estoy siempre con tantas contradicciones.
Bueno, la situación es que en mi oficina están por reemplazar un jefe de otro planeta, por una mina de este planeta, donde los jefes son fachos y están obsesionados con el horario de llegada y de salida. Y acá estamos, mis compañeros y yo, llorando las migajas, peleando por un trabajo de cuarta. Es de cuarta porque vamos a ejecutar resoluciones de un gobierno al que no apoyamos, con el que no estamos de acuerdo. Es de cuarta porque con el paso de los años lo que se comprueba es que todos se burocratizan como máquinas. Podría seguir agregando pero dejo los demás detalles para la imaginación de quien lea.
Ahora pienso que ojalá haya ganado la beca de la universidad, ojalá los problemas se me resuelvan por magia y no tenga que poner nada de mí. Otras veces pido que no me echen y me den un tiempo más para ver qué hago. Siempre pido recibirme rápido y no puedo estudiar porque no tengo concentración...con tantas noticias y alertas. El grupo de whatsapp del trabajo se prende fuego a cada rato y aunque no quiera termino leyendo todo lo que escribieron.
Odio esperar y voy a tener que esperar. Estas cosas deberían estar prohibidas para la gente que padece ansiedad, digo, los contratos con fecha de vencimiento, estar esperando que renueven o que manden el despido.

domingo, 7 de febrero de 2016

Breve manifiesto contra los guardianes del saber

Escribí una reseña sobre un libro y la revista para la que me pidieron que la escriba me mandó correcciones del tipo: "Aclarar en qué sentido los invierte en el título: se trata de una inversión del binomio sarmiento civilización o barbarie tal como lo formuló en el título de su texto Facundo, que luego cristalizó en el sintagma en el cual civilización está siempre en primer lugar o, al menos, esa es la opción no marcada en términos lingüísticos". No entendí nada, me quedé en la parte de "aclarar", lo demás creo que está en otro idioma. Con algunos de mis amigos de la carrera siempre tenemos esa idea de que escribir para la academia no tiene porqué ser aburrido. Ojalá pudiera leer mi mamá o mis hermanas algunas de las cosas que publico. Ojalá nuestras reseñas sirvieran para que alguien más que no somos nosotros (estudiantes o graduados de Letras) compráramos un libro como el de Gabo. Bueno, otra cosa que ofendió bastante de mi reseña (por la cantidad de veces que está corregido el mismo "error") es que repito mucho el nombre del autor (y no su apellido). Está mal, todo está mal: acercarse, opinar, repetir, oraciones sin verbo, oraciones cortas, no usar conectores, no explicitar todo. A algunas correcciones no voy a atender porque se supone que uno no revela todo en una reseña. Se intenta provocar que los demás lean (ya ni siquiera que vayan a comprar el libro). Además no quiero estar pensando en las comas cuando escribo. Arlt decía que había que escribir sobre un pedazo de cartón, sobre cualquier superficie, apurado, con furia. No entendieron nada, loco. Qué están haciendo con la literatura. Nos vamos a convertir en los personajes idiotas de esas novelas de Arlt y de Boedo: los cagatintas, los obreros botones, los mediocres. 
Bueno, voy a hacer una lista de las cosas que detesto de la escritura académica a pesar de que las use:
-Las oraciones impersonales: "Se lee en el siguiente párrafo", "Se trata de", "Se podría pensar". Quién lee, quién trata, quién puede pensar. 
-Los conectores complejos como "Resulta necesario", "A priori", "En otro orden de cosas".
-Palabras que no usamos de ninguna manera en el discurso oral: "ACASO", "RESULTA".
-El uso indiscriminado de la palabra "texto". Texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto 
texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto texto 
(El word debería censurarnos, debería existir un contador y un límite para el uso de esta palabra). 
-Los malos lectores de Barthes, es decir, buenos lectores académicamente hablando, malos barthesianos. Ganan becas, escriben libros, artículos, ponencias, dictan cursos, seminarios, conferencias. Pero son sólo estudiosos de Barthes. Deberían leerlo menos e imitarlo más. Barthes estaría conmigo ahora, en este "texto". En primer lugar, me daría la razón porque soy estudiante. Barthes era amante de la juventud y nunca desdeñó (por el contrario, ponderó muchísimo) el lugar del estudiante. Creo que cuando nos dicen "ahí iría mejor un guión y no una coma", "reformulá esta oración" o "revisar la estructura de la oración", nos están negando un estilo. Que nos juzguen los lectores. Los lectores van al corazón de lo que se escribe, no a los conectores, los verbos, las oraciones unimembres, los planos semánticos. No digo que eso no sea necesario, pero es bastante más prescindible que no tener corazón. Yo creo que lo tengo. Me encantó el libro de Gabo, sí, Gabo, porque él mismo hace que nos podamos sentir cerca mientras leemos y no lejos, como el historiador allá arriba en su torre de marfil. Lo que los correctores interpretan como errores no son más que efectos de lectura. Las reseñas deberían ser opiniones de lectores, no artículos de divulgación científica.

Lo ameno no quita lo erudito. 

Dos recuerdos:
*No voy a olvidar que en primer año de la carrera escribí un trabajo sobre Umberto Eco, El nombre de la rosa. Para decir la verdad el libro no me había gustado. Lo abominaba. Me parecía aburrido, soberbio y ni siquiera creía entenderlo del todo. Estaba escrito en códice. Nunca más volví a leerlo. No dejé la carrera pero estuve enojada con la literatura por un tiempo. Yo amaba a Walsh, a sus policiales de tahúres, malandrines y borrachos. Lo había leído a los catorce años y había quedado fascinada. Claro, Eco hacía con el policial todo lo que Walsh no hacía. Ni Poe. Ni Conan Doyle. Para mi, leer libros en donde había asesinatos era como consumir una droga: un efecto fuerte en poco tiempo. Eco aburría, me dormía, aletargando todo lo que podía pasar con sus supersaberes de la cultura  clásica, religiosa, medieval. Pero escribí el trabajo. Hablé de los espejos. Sí, hablé de Borges y puse todas las cosas obvias y mediocres que ponemos en los trabajos. Me había gustado ese tema, algo me había atrapado. En ese momento escuchaba a Dolina a la noche porque allá en el campo donde vivía la televisión no tenía decodificador para ver todos cosas diferentes. Se miraba en todos los teles la misma cosa: la que mi padrastro eligiera. Entonces con mi hermana escuchábamos la radio. Un día, en plena escritura de mi trabajo, Dolina habló de los espejos. Con mi compañera con la que compartíamos el hacer de ese trabajo, pusimos una frase (algo que había dicho oralmente) de Alejandro Dolina como epígrafe. La frase era hermosa pero la olvidé. Era perfecta. Cuadraba, cerraba, generaba misterio. La olvidé porque creo que prioricé el recuerdo de la anotación que la profesora puso al lado: "La próxima vez usar autores académicos". El trabajo lo aprobamos pero yo estaba desilusionada. En un año de carrera me había animado tímidamente a desafiar las normas (que todavía no conocía) de la escritura académica. Y había sido retada como en la escuela. La profesora no nos dijo nada, sólo se escondió atrás de esas letras en verde con una flechita que marcaban la condena del pobre Dolina. No dejé de escucharlo y de pensar que esa frase era buenísima. Empecé el triste pero alentador camino de cuestionar las correcciones de los profesores. Al poco tiempo, otra profesora me puso un nueve en un parcial escrito pero al final en las observaciones decía que no estaba muy bien escrito y que citaba mucho a Marx. Esa profesora me enseñó una de las cosas más importantes de la carrera (como es algo bueno lo que me dejó voy a decir que era Ana Porrúa): el valor de las lecturas. Leer es un poquito más importante que escribir. Es decir, para escribir hay que leer. Mi texto no estaba bien escrito, era cierto; era muy prematuro, muy inocente y demasiado pretencioso. Apenas sabía cómo citar y abusaba del recurso. Pero seguramente algo de todo ese quilombo había atrapado a la profesora. Entendí que eso era mi lectura de "El corazón de las tinieblas".
**Uno de los requisitos de la carrera es cursar un nivel de idioma. Como desde chica estudié inglés y además hice la secundaria en un colegio bilingüe, lo elegí para cursarlo, pensando que sacaría la mejor nota. Hice varias tramoyas y conseguí no cursarlo a costa de rendir dos exámenes y un trabajo práctico. El segundo examen consistía en traducir al castellano un artículo sobre la Nueva Crítica en E.E.U.U. Como justo estaba estudiando eso para otra materia me explayé en exceso, también haciendo uso de mis conocimientos de inglés. La profesora no dudó en ponerme una mala nota (aunque la traducción estaba bien hecha) y una observación en letra roja, gigante: "EXCESO DE OPINIÓN". Quisiera tener una foto de esa prueba para subir porque muchas personas no me creyeron la anécdota por lo inverosímil, lo fantástico. Fue cierto, aprobé raspando la única materia que pensé que iba a hacer casi con los ojos cerrados. Pero aprendí que una de las lógicas de estudiar en la universidad no es saber ni conocer sino saber y conocer a la medida de que los profesores quieren que sepas y conozcas. Nos amoldamos a ellos; pocos nos dejan solos y nos escuchan. 
Ya corregí la reseña y no estoy tan enojada. A veces pienso que no todos perseguimos la misma idea de academia o de universidad. Siempre recuerdo a profesores que decían que Felipe Pigna no hacía historia o a filósofos que decían que Feinmann era 'malísimo haciendo filosofía'. Casi siempre es la misma operación: decir que eso NO es filosofía o NO es historia, como si no pudieran haber muchas filosofíaS y muchas historiaS. En general, a mis compañeros no les gustan Pigna ni Feinmann (menos si son peronistas o no tienen lecturas negativas del fenómeno). Les repulsa la idea de que todos puedan saber o conocer lo que para nosotros debe estar en un cofre cerrado porque ahí descansa nuestra especificidad, nuestro saber, en fin, nuestro trabajo. Por eso estudiamos Profesorado y Licenciatura, porque investigar y educar no son lo mismo, aunque deberían. Investigando se debería educar y educando, investigar. ¿Estoy siendo muy hippie? Tal vez. Pero prefiero ser hippie que policía. Para eso, acá van dos notas mentales para mí: 

1) No mandar más reseñas a revistas que me corrijan hasta los puntos y las comas o me digan cómo tengo que nombrar al autor, cuántas veces puedo repetir la misma palabra, etc. Sé que lo voy a tener que hacer, de todos modos.
2) Tener mucho cuidado si algún día tengo que corregir reseñas para comer. Tratar de respetar mis propias concepciones e ideas.

Dicen que los de humanidades somos aburridos, fuma-porro, delirantes, hippies, y los que lo dicen tienen razón. No nos entendemos ni nosotros (como yo que no entiendo las aclaraciones de la revista a mi reseña). No piensen que es una cuestión de ego porque ya corregí la reseña y pronto estará a su disposición. Pensé en subir la versión original para que cotejen, pero ahora me resulta bastante caprichoso. Esa etiqueta no nos saca lo valioso (la de hippies o la de raros) porque si estamos drogados quiere decir que lo que decimos es incoherente y si somos raros, es que nadie entiende. Y no es así. Estudiamos, leemos, pensamos, cuestionamos y educamos. Muchos nos criamos entre libros y no concebimos otra vida que la de estar rodeados de ellos. No por nerds, no por inteligentes, no por aburridos. Las pasiones no se explican. Rilke decía algo así como que si usted piensa que puede vivir sin escribir, entonces, no debe escribir más. Tenía razón. Escribir donde sea y como sea, agregó Arlt. También tenía razón. Y que los mala leche bufen.  

miércoles, 3 de febrero de 2016

Plantas

Hoy le di vueltas a esa idea de que las palabras no tienen relación con las cosas. Están por echarme de mi trabajo y algunos de mis compañeros hablan mal de otros, se pelean, discuten, creen que hablando las cosas pueden arreglarse. Hola, las cosas ya no tienen arreglo. Los que son planta permanente son los más tranquilos porque saben o creen que nada va a pasarles cuando revisen contratos. Curiosa palabra "planta". Yo a veces me siento una planta. Cuando no estudio, cuando duermo mucho o no hago nada relevante en un día (trámites, trabajo, estudio, etc.). Algunos compañeros de trabajo son "plantas" todo el año. Parece que van a darlo todo por ese trabajo, incluso botonear o dar información sobre los que para ellos sí son "plantas", los "ñoquis", los que no hacen nada. Creo que no haría nada por conservar mi trabajo. Sólo sentarme a esperar. Me da comer, es un trabajo, no soy rica, agradezco, pero si lo pienso dos veces... ¿podría pasar toda mi vida ahí? ¿Por qué es tan triste trabajar en una oficina? Ay...los días son tan iguales. Esto que digo es triste y es aburrido. Yo soy una empleada triste y aburrida. No deberían echarme, políticamente está muy mal, pero, en el fondo tengo un anhelo oculto de que lo hagan. Volverse una planta o no volverse. ¿Y si me voy? ¿Si viajo? ¿Si conozco algún otro lugar donde vivir? Mi sueldo es muy bueno y ser planta no está tan mal. Tener raíces en algún lugar, alguna seguridad, tal vez con el tiempo, hijos. No quiero ser más una planta. Recuerdo cuando se abrieron los concursos para "Planta permanente" y no me presenté aunque pensé en hacerlo. Muchos me preguntaron por qué no, si así iba a tener seguridad cuando llegara el momento del ajuste y los despidos. Hace poco le contesté a una profesora de la facultad que creí haber visto pasar mi vida y era triste y aburrida... Y no quise. No quise ser una planta permanente. Y las plantas permanentes ni siquiera se preguntan por el premio de ese concurso, linguisticamente hablando. Sólo algunos estudiantes de Letras se asombran...

lunes, 1 de febrero de 2016

Un año sin nosotros

Miré por segunda vez la serie "Un año sin nosotros y me volvió a parecer genial. Para los que estamos y apostamos siempre a relaciones largas puede ser muy interesante. Por esto y por otras cosas parece escrita en un idioma que pocos hablan. ¿Es tan así que las relaciones ya no duran? Barthes se preguntaba si durar era mejor que arder, en tiempos en los que claramente lo correcto era durar y arder era quemarse. Para los que vivimos en tiempos del amor posmo, libre, sin posesión, sin títulos, sin institución, la serie es buena en el sentido en que cuestiona no sólo los valores de la vieja sociedad (matrimonio, familia, etc.) sino los de la nueva filosofía new age del 'free love'. Para los que no queremos ser como nuestros padres pero tampoco nos animamos a desafiar del todo la fidelidad y la institución de la pareja, "Un año sin nosotros" se presenta como una buena opción. 10 años juntos, 12 meses separados. Hay reglas, como en el matrimonio, pero se trata de reglas acordadas por los dos, coyunturales, provisionales. El sentido de la norma es justamente que sea reemplazada y qué mejor que tener el control sobre ella. Eso se autoproponen Clara y Ricardo. Neuróticos, a mitad de camino entre la "open mind" y el conservadurismo, muestran una pareja de 10 años atípica. "Parejas como las de ustedes ya no existen", le dice la amiga Denchu a Clara. Imposible no pensar en "El pasado" de Alan Pauls. 12 años de pareja y un infierno para separarse. Clara y Ricardo la hacen más simple. Sufrir y estar cada uno por su lado, pensar bien antes de casarse o decidir no hacerlo, pactando un tiempo de inicio y fin. Es lógico poner a prueba las cosas, de vez en cuando. Ya no queremos una vida sin sobresaltos; sabemos que así es y va a ser hasta la muerte. Somos hijos de padres divorciados, hijos de segundos matrimonios, hermanastros o medios hermanos, víctimas de decisiones impulsivas y mal tomadas. Y se caen varios mitos de las parejas "largueras" (como me dicen a mí, "che, vos siempre relaciones largas, sos larguera, eh"). Bueno, no voy a ser objetiva en esto. Es mentira que afuera de tu relación hay esperando por vos un mar de hombres (en mi caso) hermosos, divertidos e inteligentes que cogen bárbaro. No te perdés de nada. En general, son una versión más o menos mejor o peor de tu novio. Todos cogen parecido, muchas veces depende de tu humor. Es mentira que después de muchos años la relación aburre. Uno debería recordar cuantas veces se aburrió de alguien con quien salía a los 15 o 20 minutos de una cena, conversación, salida. Las personas son aburridas, no las relaciones. Hay que saber elegir. También, y lo más importante, es mentira que si te "tomás un tiempo" con tu pareja, es una separación encubierta. A mi particularmente, me gustó la serie porque me cansé de los versos de amar tanto, amar a todos, amar sin límite y tener la mente abierta. ¿Volver a contarle toda mi vida a otra persona? ¿Volver a sentirme nerviosa de llevar alguien a mi casa y sentirme incómoda de todo lo que haga? Particularmente me pasa que cada vez estoy más convencida que la cantidad de personas que tolero conocer en mi vida es limitada. Es decir, no es infinita porque desgasta conocer personas, incorporar extraños, descubrir novedades. Por otro lado, mi primo dice que Resistiendo con aguante es un gran lugar para conseguir pareja porque la cuestión ideológica está saldada. Según él, si coincidís políticamente con tu pareja tenés el 50% de los problemas resueltos. Claro, ¿qué tanto necesitas para estar bien? ¿Cogerte a toda la ciudad? ¿Salir con mil personas, conocer mil vidas, para darte cuenta que todas son bastante parecidas?
El cuerpo está sobrevalorado, el sexo está sobrevalorado, las supuestas maripositas en el estómago que sienten las princesitas de disney cuando las rescata el principe rubio y millonario están sobrevaloradas. Y esto lo digo yo, la que tiene relaciones largueras y aburridas, la que puede coger mucho tiempo con la misma persona, la que muchas veces tiene problemas para conocer gente nueva porque es tímida en exceso y demasiado cerrada para contarle todo a cualquier pelotudo que circule por la vida. Vamos, tengo dos amigas, nada más. Qué me haría pensar que puedo tener muchos amantes, muchos novios, muchos tipos. 25 años y solo tengo dos amigas. Igual pienso que el amor se regenera, que hay muchos y distintos amores, que separarse puede ser también un acto de amor (propio). Me encantó "Un año sin nosotros" porque representa este segmento del amor, los que tenemos contradicciones pero no dejamos de asumir que tan abiertos no somos, que nos encanta tener relaciones largas pero, fundamentalmente, hechas por nosotros mismos.

Acá, la serie completa: http://un3.tv/programas/un-ano-sin-nosotros/

martes, 17 de noviembre de 2015

Tengo la teoría

Bue, que la lluvia favorece a la depresión no es nada nuevo, aunque tengo la teoría. Que yo vivo deprimida tampoco. Pero llueve y estoy triste. Qué cliché. Me deprimen los clichés. Yo soy un cliché, ya lo dije, ¡qué cliché! Hoy conocí Miramar y me deprimí. Si viviera en Miramar y lloviera como hoy estaría peor. Tengo la teoría de que hay ciudades más depresivas que otras. Edificios de 45 departamento con persianas cerradas, calles de barro, portones de colores. Una de esas calles se llamaba "El Porvenir". El porvenir, qué concepto extraño. Tiene un matiz positivo inexplicable. A mi, el futuro me deprime. Pero porvenir y futuro no son sinónimos, o sí. Me entusiasmé con tener un amante que viviera en el campo, en el porvenir y me contará de qué se trata eso. Un amante inocente que se enamore de mi y todo fuese como una novela del siglo XIX en la que se oponen ciudad y campo, civilización y barbarie. Puede transcurrir durante la época de Rosas. Y él me cuenta del porvenir, del 2015 en adelante, de cómo yo cumplo todos mis sueños y no me quejo nunca más de nada.
Pero hoy me di cuenta que no voy a encontrar a ese amante ni a ninguno. ¿Cómo alguien puede quererme? Mi novio, por ejemplo, no me habla más. Tengo la teoría de que nadie puede quererme sinceramente porque yo no puedo trasmitir felicidad a nadie. Y todos buscan alguien que los haga sentir bien. Me odio por hablar como un libro de autoayuda. Podría escribir uno. Autoayuda para empleados públicos. Suena prometedor. Suena a éxito editorial. Voy a escribir un libro sobre el trabajo para no trabajar nunca más. Es mi mejor idea. Tengo teorías, de vez en cuando tengo ideas. Ideas que no cumplo y seguramente nunca cumpla. No puedo hacer feliz a nadie pero quiero que alguien, un amante del siglo XIX o del siglo XXI, de la época de Rosas o de Cristina, venga a hacerme feliz. Dejaría a mi novio y a mi perra, podríamos fugarnos lejos, escondernos y me regalaría flores y abrazaría todo el tiempo. Me abrazaría porque sino podría fugarme de él también. Es el porvenir o podría serlo. No, eso no es el futuro. Esos son pensamientos sin fundamentos, no son teorías, tampoco son sueños. No quiero nada, tengo la teoría.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mi novio soñó que me ahogaba

Escucho canciones que se tocan con un acordeón. No puedo leer, no cocino más, no trabajo, no tengo ganas de bañarme, de dormir, de fumar, de nada. Hasta que no arruine mi relación no voy a estar tranquila. Es como algo que me pica, me molesta, me zumba en el oído y no puedo concentrarme. Estuve mirando posgrados en Estados Unidos, en otros lugares, para irme, pensando cuál es la mejor salida de una relación. A veces me convenzo de que la culpa es mía y nunca voy a ser feliz, en esta relación ni en ninguna. No puedo hablar de otra cosa. Ni siquiera entiendo cómo hay personas que leen mi blog. Siempre pensé que estaba sola acá, hablando conmigo misma. Después pienso que enamorarme de nuevo puede ser una salida feliz para mí (siendo muy egoísta con los demás) pero nadie se enamora. Ni yo ni los hombres que me gustan. Otras veces se me ocurre (como en una de las peores películas de Woody Allen) que puedo hacer de cupido entre mi novio y alguna chica que sea para él. Alguna kinesiologa o nutricionista. Alguien que tenga sus bondad, sensibilidad, organización y constancia. Alguien que quiera a su familia, que quiera tener hijos y anotarse en el procrear. Mi novio no es así de aburrido y básico pero cada vez estoy más convencida de que es lo que quiere. No me propone otra cosa, nunca me habló de otros planes para el futuro que no se parecieran a tener una buena vida, viajar, tener una casa e hijos. Hace unos días soñó que me proponía matrimonio. En vez de darme un anillo dejaba en el fondo de la pileta de la cocina un vestido blanco de casamiento. Abría el agua para que corriera fuerte y una vez que todo estuviese inundado yo viese al vestido blanco flotando e interpretara (!!!) que eso era una propuesta de matrimonio. Pero cuando él me llamaba yo estaba ahogándome en la cocina con el agua de la canilla abierta. Me llamaba y yo nunca contestaba; cuando se acercaba a la cocina me sacudía pero ya era muy tarde. Le pedí que reflexionara, que soñar que me ahogaba con la propuesta de matrimoino era un sueño terrible, gráfico, ilustrativo y preocupante. Le dije que me sentía como en su sueño pero no me hizo caso y me dijo, como Calderón de la Barca, que los sueños, sueños son.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Marvin

Voy a poner nuestra foto en facebook para que parezcamos vivos aunque sea ahí. Para que alguien sepa que nos queremos aunque no seamos nosotros. Para que sigamos juntos o nunca se termine, porque una vez me dijeron que todo lo que tenés en internet nunca se borra aunque vos quieras. Ojalá la vida fuera así y no existieran las decisiones. Quiero que una máquina decida por mi, si en este punto es mejor seguir o irse, como en una encuesta popular o una votación. Cuando no quiero estar mal o no quiero pensar qué tengo que hacer, escucho a Marvin Gaye. Nunca hay que subestimar la negación porque hasta se puede llegar a ser feliz. Escucho sus canciones y me olvido de que no hago lo que quiero, de que tengo miedo, de que algún día aunque no quiera voy a tener que tomar una decisión.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Ayer salimos con una amiga. Últimamente salgo todos los días. A cenar, a tomar cerveza, a bailar, a lo que se presente, no importa qué ni con quién. Las dos estamos conviviendo con nuestros novios, en el mismo punto de la carrera en la facultad y tenemos la misma edad. Nos quejamos durante un rato de que queríamos aventuras, de lo que fuese, que todo estaba bastante aburrido. Fuimos y robamos en una estación de servicio. Le dije que el de seguridad se había ido, que guardara la gaseosa entre su ropa y saliéramos corriendo porque el tipo que cobraba lo hacía muy lento. Todos nos habían visto pero corrimos muy rápido. Hacía mucho que no sentía adrenalina. Era como en una película, no sé, una vida emocionante, al borde de algo, cualquier cosa, aunque terminara mal. Tuve muchas ganas de salir a robar a otro lado y mi amiga me confesó lo mismo.
La semana pasada me fui martes y miércoles a Cariló con otras dos amigas y nos emborrachamos con champagne en un hotel cinco estrellas. Le pregunté a mi novio si eso le parecía normal, faltar al trabajo para ir borracha a un sauna, por más divertido que parecía me sonaba algo preocupante. Son planes que antes no hacía y la verdad es que desde hace un tiempo estoy con problemas para todo: para dormir, para despertarme, para concentrarme, para comer. Estoy triste. Y ganas de llorar. Por momentos pienso que con el tiempo se me va a pasar o pienso que debería hacer algo. Empecé el gimnasio pero mientras corro en la cinta o en la bicicleta tengo ganas de llorar. Pienso mucho y frunzo las cejas.
Fuimos a ver una película al festival de cine de adolescentes que se suicidan porque sus vidas son muy monótonas y se drogan mucho. Mi amiga cuando salimos me dijo que siempre piensa en el suicidio, que vivir es denso y aburrido pero que ni siquiera tiene ganas de pensar qué hacer o cómo terminar. Creo que desde ese día estoy bastante deprimida yo también, como los de la película y como mi amiga. Tengo una vida aceptable pero muy aburrida. Me estoy pareciendo a mis compañeros de trabajo. Eso me deprime y no puedo compartirlo con casi nadie porque las personas que me rodean no trabajan y si lo hacen pueden tomárselo personal. Es una trampa el trabajo, es como vender el alma al diablo por una tarjeta de crédito o un plan de pago para tener auto. Mis compañeros de trabajo hace diez años (o menos, voy a ser justa) que hacen lo mismo de sus vidas. Van a jubilarse de eso, nunca van a cambiar ni a dejar. No son de las personas que tiran todo y se van o cambian drasticamente de un día para otro. Pienso que me estoy pareciendo a ellos, que no puedo pensar en perder ese trabajo porque estoy muy cómoda haciendo la vida aburrida de cuarentona como todos. Pero mi insatisfacción, mi tristeza, es infinita, enorme. Tiene el tamaño de los sueños que todavía no puedo cumplir.

sábado, 17 de octubre de 2015

Yo no soy

ayer decidió que era muy joven para tener éxito en algo
va a seguir trabajando en la oficina a la mañana y a la tarde
es probable que haga las cosas que le gustan
se convenció de que por un tiempo es mejor odiar
la oficina
y no trabajar de lo que quiere
bueno, tiene tiempo
tiempo para equivocarse
redimirse
asegurarse
reivindicarse
perder

después del trabajo puede quitarse su ropa administrativa y sacar los sueños
le sobran sueños
ayer pensó en escribir una novela contra el trabajo
y se convenció de que era demasiado joven
para tener éxito con un libro

jueves, 1 de octubre de 2015

La pastilla del día después

Las ideas tendrían que venir en pastillas, siempre lo digo. Y si son del día después mejor. Después de las cagadas, las cosas mal hechas, los accidentes. Cuando digo "en un punto, estoy cansada", es en todos los puntos. Bueno, no sé cómo arreglar las decisiones que fui tomando. ¿Por dónde empezar? Tengo una vida de cuarenta años que no me gusta. ¿Tengo tiempo para cambiarla? Sí, tengo tiempo de sobra. Necesito ideas. O que pase algo, algo que lo cambie todo. Tuve un falso atraso, una falsa separación y un falso duelo: no pasó nada. Lo que persiste es escribir. Y que yo sigo siendo media boluda...media aburrida y media depresiva. Tengo ideas para escribir... historias, sueños, cosas que me cuentan las personas. Necesito ideas para mi vida, la real, la que paga las deudas, todo eso. A veces creo que fue un error anotarme a estudiar Letras, irme a convivir con alguien tan chica, adoptar un perro de la calle, entrar a la oficina. ¿Quién me mandó a hacer todo eso? ¿De verdad lo quería? Porque siempre se puede ser un poco más consecuente, un poco más boluda y un poco más negadora (sobre todo, negadora) voy a seguir estudiando y voy a seguir con todo. La única forma de salir de este lío es por la puerta de entrada y con el título en la mano. Y la llave de mi casa, eso sí. A la manera en que yo puedo estarlo, estoy bien. Pero me cuestiono seguido y siento que es momento de pasar a otra cosa, como si la vida se tratara de estadios que hay que ir completando. ¿No era así?

viernes, 25 de septiembre de 2015

Planes para el futuro

A) Escribir literatura
B) Escribir sobre literatura
C) Escribir sobre otras cosas
D) Dar clases

.............
......
...............
....................
....................

....

Q) Trabajar en el Ministerio de Trabajo

sábado, 11 de julio de 2015

Consejo

Tengo que hacerle caso a todos los consejos que a lo largo de toda mi vida le di a mis amigas.