martes, 11 de julio de 2017

Los diarios de Emilio Renzi

Me atravesó (punctum) la lectura de los Diarios de Emilio Renzi. Hace algunos meses, desde que terminé de estudiar, el único modo de lectura que puedo sostener es el "adictivo". Leer sin parar hasta terminar el libro, como si tuviera un plazo o vencimiento. Seguramente sea un acto reflejo después de tantas lecturas a las apuradas, con tiempos establecidos, ritmos ajenos. Lo leí así: sin parar. En el colectivo, en la cama antes de ir a dormir, mientras comía, hasta llegué a darle tarea a mis estudiantes de secundaria para que se mantuvieran ocupados y yo pudiera leer (siempre con un ojo levantado). Incluso quise dejar pasar el furor posterior a su muerte para leerlo sin nostalgia pero también sin sentir que tenía la obligación de hacerlo, porque hacía bastante que no leía un texto suyo. El libro habla de lo importante, de la literatura; la ficción. Los amigos, el amor, la vida, el lenguaje. No puedo sacarme de la mente la imagen de la apuesta por todo (la escritura), que describe Piglia. Sin embargo, es una de las pocas oraciones que no subrayé (el libro está marcado en un 75%). Ser escritor (la literatura) como una apuesta, una apuesta en una única mano. Me asombra todavía cómo relata la confianza y convicción de ser escritor, no como una fatalidad o un destino sino como modo de vida (en el sentido rilkeano, creo). Y también está el lector, que despliega ideas agudas y geniales sobre los textos que va leyendo. Desde que empecé a leerlo sentí que rápido y sin esfuerzo iba a convertirse en un libro de consulta permanente, de frases que sin duda voy a citar y a repetir. "¿Como se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor. No es una vocación, a quien se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece mas bien a una manía, un habito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro)."Intentando no caer en la cursilería o banalización al pedo voy a decir que pensé en mi (el acto egoísta de todo lector) muchas veces, mientras leía. El viaje de Mar del Plata a La Plata, las calles que ahora recorro, el deseo inexplicable de vivir en Buenos Aires, estudiar y después la docencia. El diario como novela, la vida novelizada, sin buscar en cada entrada la veracidad o comprobación de los hechos narrados. El diario como ficción, en el mejor de sus sentidos. Y en Piglia están los otros: Borges, Walsh, Conti, Viñas, los norteamericanos, Rulfo, García Márquez, Cortázar, Sábato. Tengo que confesar que sentí cierto de alivio de coincidir con Renzi (un espectro, una voz) en algunos de sus juicios literarios (sobre todo en cuanto a Cortázar y a Sábato). Le da una forma perfecta y simple a ideas que creo que todos alguna vez pudimos tener; no es un iluminado, no pretende ninguna verdad. Y también están todas las historias: la del que triunfa pero no su amigo (Mozart y Salieri,¿Kafka y Max Brod?), la de los enredos amorosos, las mujeres atormentadas, la bohemia porteña, el vagabundo y errante que vive en bares y pensiones, la primera lectura, la muerte del Che, el problema del dinero (Arlt), la izquierda argentina de los sesenta y setenta, la "fama" repentina. Creo que no me olvidé de nada.
La cocina de la escritura. Una metáfora que siempre me pareció genial. Las ideas de los cuentos, ideas sueltas, anécdotas que son potencialmente cuentos, historias que escuchó, bosquejos. Garabatos. Y los cuentos, porque hay cuentos y fragmentos de cuentos sueltos, dispersos en el diario.

Ahora pienso los diarios como una ciudad a la que uno puede llegar por diversas rutas. No importa la distancia o el camino en sí mismo, podemos elegir cualquier punta (dinero, amor, literatura, diario,vida, trabajo, amistad) y entrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario